Egipto

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Canto del arpista de la tumba del rey Antef | Primer Período Intermedio

«Una generación pasa y otra perdura
Desde el tiempo de los antepasados.
Los dioses que se han manifestado en otros tiempos
Descansan en sus pirámides.
Los nobles espíritus, igualmente,
Están sepultados en sus tumbas.
Los que han construido edificios
Cuyos emplazamientos ya no existen,
¿Qué ha sido de ellos?
(...)
¿Dónde están sus tumbas?
Sus muros han caído,
Ya no existen sus tumbas.
Es como si nunca hubieran existido.
No hay difuntos que vuelvan del más allá
Y que cuenten su estado
Y que cuenten sus cuitas
Y que aplaquen nuestro corazón
Hasta que nosotros lleguemos
Al lugar donde ellos han ido.
(...)
¡Alegra, pues, tu corazón!
(...)
Pon mirra sobre tu cabeza,
Vístete de finos ropajes
Perfúmate con perfúmenes exóticos, propios de un dios.
Multiplica tus placeres.
(...)
Transcurre feliz el día y no desfallezcas.
Mira, nadie se ha llevado sus cosas consigo;
Mira, nadie ha regresado jamás».

Geraldine Pinch, Magic in Ancient Egypt, Londres, British Museum Press, 1994, p. 158

«Ya desde el tercer milenio a.C. [=Reino Antiguo], se creía que un muerto convertido en aj podía actuar en favor de los vivos. En vida, un egipcio común necesitaba a menudo ganarse la protección de algún alto oficial para promocionar o para encarar un pleito. Así, se creía que los espíritus de esos hombres podían ser igualmente influyentes en el más allá, y por eso la gente depositaba respetuosas ofrendas en sus tumbas o colocaba en ellas estatuas y estelas. Las cartas que la gente escribía a sus parientes muertos tienen que ver a veces con problemas legales, como dispustas por un bien. Los que las escriben asumen que los difuntos pueden ayudarles siguiendo su caso en una especie de tribunal divino paralelo. Algunas de las cartas revelan que se creía que los difuntos conservaban el carácter que habían demostrado en vida. Una mujer le dice a su hijo muerto que ella se dirige a él en particular porque había sido siempre solícito y amable con ella cuando vivía. Le promete recompensarle con más ofrendas que las que recibiría el resto de difuntos de la familia».

Comentario de ambos textos

El faraón Antef pertenece a la dinastía XI (2133-1991 a.C.), al Primer Periodo Intermedio. Y el 2º texto es del Imperio Antiguo (c. 2700 - 2250 a.C.) los faraones jamás hubieran permitido que alguien grabara un canto como el del arpista en su tumba. La filosofía que encierran ambos textos es opuesta.

El Canto del Arpista me ha recordado el mismo significado que encierra el Carpe Diem:

Sapias, uina liques et spatio breui spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit inuida aetas: Carpe diem, quam minimun credula postero.

Sé sabia, filtra el vino, y breve como es la vida, filtra la esperanza larga. Mientras hablamos habrá huído celosa la edad. Goza a bocados del momento, confiada lo menos posible en el de mañana.

De un texto al otro, del 2700 al 2133 han pasado más de 500 años y tenemos que tener en cuenta que en tan larga vida de Egipto donde su Período Predinástico comienza aprox. en el 5500 hasta que se convierte en provincia romana en el 30 a.C, Egipto ha tenido numerosos períodos sucesivos de florecimiento y decadencia y en los periodos de decadencia se olvida hasta los dioses. Desde que el reinado de Pepi II (dinastía VI) se vino abajo, Egipto pasó por muchas revueltas, revoluciones de los pobres que cogieron las riquezas de los ricos... y supongo que también calleron las creencias.

"El rey ha sido expulsado por los miserables... Los mendigos se han convertido en dueños de los tesoros... Los ricos están de luto, los pobres de fiesta... En cada ciudad se dice: expulsemos a los poderosos que están entre nosotros..."

Lamentos de Ipuur. Algunos eruditos han sugerido que se escribió durante el Primer periodo intermedio de Egipto, o entre el final de la Dinastía XII y el Segundo periodo intermedio de Egipto, de ca. 1850 a 1600 a. C.

“En los festines que celebran los egipcios ricos, cuando terminan de comer, un hombre hace circular por la estancia, en un féretro, un cadáver de madera, pintado y tallado en una imitación perfecta y que, en total, mide aproximadamente uno o dos codos, y, al tiempo que lo muestra a cada uno de los comensales, dice: “Míralo y luego bebe y diviértete, pues cuando mueras serás como él”.  Eso es lo que hacen durante los banquetes”.

Herodoto “Historia” (II, 78)

Relación de los egipcios con los muertos

Los egipcios creían en una vida de ultratumba, aunque solo tenían derecho a ella los faraones. No fue hasta llegar al Imperio Nuevo (c. 1550-1070 a.C.) que todos los egipcios pudientes pudieron embalsamarse y preparar su funeral de acuerdo al Libro de los Muertos... y a su posibilidades. Y luego estaban los pobres que se los enterraba en la arena y no creo que tuvieran derecho a la vida de ultratumba.

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