Arcos de la Frontera

Arcos de la Frontera

Arcos de la Frontera es el más famoso de los denominados pueblos blancos. Su espectacular ubicación sobre el promontorio bajo el que discurre el río Guadalete, ofrece al visitante la contemplación de un paisaje único, tanto desde lo alto de sus miradores como desde la llanura disfrutando de su singular silueta.

Es un verdadero placer callejear por este hermoso pueblo. No te pierdas la plaza del Cabildo. Aquí se encuentra el ayuntamiento, el Mirador de la Peña Nueva, el castillo (hoy residencia privada), el Parador Nacional, y la iglesia de Santa María con su hermosa fachada de estilo gótico-plateresco y los frescos del siglo XIV. Una cervecita y una tapa en la terraza-mirador de la cafetería del Parador te harán sentir como el más privilegiado de los mortales y te darán fuerzas para continuar el paseo.

Más adelante está el Convento de las Mercedarias que fue cárcel real hasta 1642. Es el único convento de clausura de la ciudad, pero en la entrada puedes comprar dulces y pastas a través del torno.

Otro gran monumento que destaca es la iglesia de San Pedro, construida sobre los restos de una fortaleza árabe y su construcción se inicia en el siglo XIV.

La ciudad ocupa un fantástico emplazamiento sobre una peña rocosa, asomada a un cortado vertical de 150 metros de caída. Sus antecedentes son tan lejanos que hay quien remonta su fundación a uno de los nietos de Noé, si bien sus vestigios más palpables son ya de época musulmana, cuando Arkus se cuenta entre los asentamientos bereberes, que en el s. XI llegó a encabezar un efímero reino de Taifas, aunque en 1068 el rey de Sevilla Al-Mutamid se apoderó de la ciudad y la incorporó a su reino.

En 1086 Arcos unió su destino a la presencia almorávide y fue sometida a los castellanos a mediados del s. XIII, tras la caída de Jerez. Entre historias y romances, se formí un casco urbano con patrimonio monumental verdaderamente portentoso. Arriba, el castillo y el magnífico templo de Sta. María de la Asunción, con su fornida torre, que rivaliza con la asimismo imponente Iglesia de San Pedro, y todo ello arropado por una multitud de palacios, mansiones y espléndidas casas de patio, restos de murallas, conventos y otros edificios religiosos que componen un laberinto de ensueño.

Ya en las afueras, puedes ver un paraje de huertas, los molinos del Guadalete, el embalse, el lago de Arcos, siempre acompañado por la visión de la altiva ciudad.

 

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