Plaza Tres Palacios

Plaza Tres Palacios

En 1809 las tropas de Napoleón saquearon la población e incendiaron la mayoría de edificios de Molina, por orden del general francés Roquet. Totalmente sublevada ante el invasor, la población de Molina mostró una enérgica resistencia y muchos se unieron a la partida de Juan Martín El Empecinado. Éste sitió a los franceses en el castillo y consiguió vencerlos.

Con la heroica defensa contra los franceses, la villa de Molina fue premiada con el título de Ciudad, otorgado por las Cortes de Cádiz en 1812.

Plazuela de Tres Palacios
allá en Molina la brava;
plazuela de la inocencia
donde tres niñas jugaban
dulces contra el amargor
negro de las circunstancias.
Mirábalas envidioso
Vulcano desde su fragua,
forjando viles antorchas
que no valientes espadas.
Hasta el último verdor
delgado de las acacias
suben las sierpes de fuego
que por la tierra se arrastran.
Al incendiario francés
que tal infierno ordenara
se acercaron las tres niñas
con ruegos que una expresaba:
«No quemes, mal general,

el vuelo de nuestras faldas,
déjanos seguir jugando
al escondite en la plaza,
plazuela de tres Palacios
donde se encuentra mi casa».
Detuvo el fuego la brisa
de aquella risa que hablaba,
y cuando Molina era
pavesa en el Gallo echada,
y era un tizón el Giraldo,
y las campanas rizadas
en el suelo consumían
el cáliz de la venganza,
la Plaza de Tres Palacios,
donde tres niñas jugaban,
ilesa quedo cantando,
allá en Molina la brava,
la copla de esta leyenda
hermosa y desventurada.

José Antonio Suárez de Puga. Mayo 1983