Tahíche

Tahíche es un pueblo situado en zona volcánica, allí está el Volcán Tahíche, aún así también tiene campos de cultivo. Es el único pueblo de la isla que tiene Universidad.

Aquí se encuentra la Casa del Volcán de César Manrique, convertida en su Fundación. César Manrique hizo de Lanzarote, una obra de arte.

Un día César Manrique iba paseando con un amigo en coche por Tahíche y vio las ramas verdes de una higuera que salían del suelo. Al acercarse vio que era una burbuja de gas cuyo techo se había derrumbado. En las erupciones de 1730 y 1736 se formó una colada que cubrió la tierra con una capa de lava. En algunas zonas se crearon grandes burbujas subterráneas que formaban como habitaciones redondas donde los campesinos aprovechaban para planta a cubierto del viento.

César Manrique enseguida vio la posibilidad de construirse una casa en esas cinco burbujas que había encontrado, cosa que no fue bien entendida, incluso el dueño del campo le dijo que tomara la tierra que quisiera, que no valía nada y ni siquiera quiso cobrarle por ella. El lema de César Manrique siempre fue la unión del Arte y la Naturaleza.

Unió las cinco burbujas con pasadizos e hizo salas de estar, y los edificios de la superficie los hizo como la arquitectura tradicional canaria, dándole toques modernos como los grandes ventales, alguno de ellos es impresionante pues parece que el paisaje se mete dentro de la casa con una continuidad total. Terminó su casa en 1968 y la llamó Taro de Tahíche, un Taro es como una cabaña de pastores, o para guardar los aparejos, como almacen de grano, etc.

Pequeña biografía de César Manrique
César Manrique nació en 1919 en Arrecife y vivió en el casco antiguo alrededor del Charco de San Ginés y pasaba sus vacaciones en la Caleta de Famara. Estudió arquitectura en la Universidad de La Laguna en Tenerife y Bellas Artes en Madrid. Estuvo un par de años viviendo y exponiendo en Nueva York y regresó en 1966 a su tierra con el propósito de embellecerla, frenar la especulación urbanística en la isla y crear un estilo integrado en la naturaleza. César Manrique murió en accidente de tráfico en 1992, en un cruce de caminos que él había denunciado en repetidas ocasiones y donde hoy se encuentra una rotonda con un juguete del viento realizado por el artista, de esos que le gustaba tanto hacer.


Hemos llegado a Tahíche a ver la Casa del Volcán, de César Manrique. Aquí compramos la entrada combinada también para la otra casa del artista. Puedes ver la cola en la taquilla y en la foto de abajo la forma típica de plantar las vides en Canarias, protegidas de los vientos y cubiertas con el «rofe», que luego te hablaré de él. A la derecha, un artilugio móvil de los que le gustaba tanto hacer a Manrique.


En Lanzarote las distancias son bastante pequeñas así que no te preocupes mucho del orden en que visitas las cosas, sino más bien, de cuál es la mejor hora para cada cosa.


La Casa del Volcán es espectacular, es un derroche de creatividad que no atenta contra el paisaje. Los huesos de los animales los encontró César Manrique mientras hacía la obra y como solía hacer, les dio una nueva vida incorporándolos en la casa.


Cuando César volvió de Nueva York vivió y trabajó en esta casa entre 1968 y 1988. Con estos paisajes no le faltaría inspiración.


César estuvo viviendo un par de años en Nueva York y volvió a la isla para llevar a cabo un proyecto. Mientras buscaba piso, encontró estos terrenos que habían sido cubiertos por una capa de lava, la colada, pero se dio cuenta de que había burbujas que eran como habitaciones redondas subterráneas.


Además de las burbujas, descubre un pequeño Jameo, un trozo de túnel formado por la lava, cuyo techo se había derrumbado. Él vio las posibilidades de un terreno infravalorado que nadie quería. Los de allí llamaban a la zona «malpaís», terreno abrupto, árido y estéril, estaba cubierto de lava, tenía agujeros… no servía para nada.


Los terrenos eran de un amigo de su padre, que sabiendo de su excaso valor, se los regaló. Este árbol hoy muerto, es la legendaria higuera que un día sacaba sus ramas por el agujero de la burbuja y llamó la atención del artista, que vio sus ramas salir del suelo.


Cada burbuja tiene unos colores determinados en la decoración.


En esta zona de la piscina había un Jameo, es decir un trozo de tubo volcánico cuyo techo se había derrumbado.


La conexión entre las burbujas se hace por pasadizos.


Esta ventana es espectacular, tiene un cristal en medio, pero el paisaje de dentro y de fuera, tiene una continuidad, una lengua de lava parece atravesar el cristal.


Mosaico eleborado por Manrique. El artista decidió convertir su casa en una Fundación y llegó un momento en que tuvo que trasladarse a otra vivienda para encontrar tranquilidad y reconstruyó una vieja casa en el municipio de Haría.