Teguise

Nos acercamos a uno de los pueblos mejor conservados y más bonitos de la isla, Teguise.

Fue capital de la isla hasta 1847 porque estaba más al interior y podía librarse de las incursiones piratas, aunque no siempre lo logró. Los domingos hay un gran mercado, ya volveremos otro día a verlo.

El carnaval de Teguise está asociado a «Los Diabletes», conjunto de personas ataviadas con disfraces de aspecto diabólico que tratan de asustar a los más pequeños del pueblo. Teguise es considerada cuna del timple, y una de las localidades con mayor tradición en la fabricación de este típico instrumento canario.

Teguise creció desde mediados del siglo XVI constituyéndose un importante entramado urbano que se ha conservado. En la villa se concentraban las principales instituciones de la isla, como el Cabildo o la Escribanía, así como los principales centros eclesiásticos.

Qué ver en Teguise

Pasear su casco histórico • Plaza de la Constitución • Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe • Casa–museo del timple en el Palacio Spínola • Mercadillo dominical • Convento de San Francisco y Museo • Museo de la Piratería en el castillo de Santa Bárbara

La Plaza de la Constitución: también conocida como plaza de San Miguel constituye la misma, el centro cívico de Teguise, con la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, tiene también una estatua de los Carnavales, la casa de la Cilla de diezmos y primicias…

La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe: La primera iglesia de la que se tiene noticia fue fundada en la primera mitad del siglo XV, una pequeña y sencilla construcción sin ventanas. Luego vinieron destrucciones y reconstrucciones hasta llegar a esta que es más o menos de 1914. Los corsarios robaron la primitiva imagen de la Virgen en el siglo XV y la llevaron a Argel.

Cilla de Diezmos y primicias: data de la primera mitad del siglo XVII; Juan de Bethencourt instituyó unas rentas a favor del Clero para atender su mantenimiento en Lanzarote. En el primer momento se determinó que se contribuyera solamente con la trigésima parte de los beneficios de sus cosechas hasta que hubiera un obispo. A consecuencia de la importancia del cultivo de los cereales en la isla, se contó con un administrador desde la implantación del derecho de rentas.


Callejón de la Sangre: En 1569 hubo una violenta incursión norteafricana de Calafat con saqueos e incendios en toda la villa… y en el callejón de la Sangre lograron repelerla… aunque se ve que se formó río de sangre… además esto es un barranco natural por donde bajan las aguas de la montaña hacia el mar.

El carnaval de Teguise: está asociado a «Los Diabletes», conjunto de personas ataviadas con disfraces de aspecto diabólico que tratan de asustar a los más pequeños del pueblo. Teguise es considerada cuna del timple, y una de las localidades con mayor tradición en la fabricación de este típico instrumento canario.

Convento franciscano de Teguise: sólo queda la iglesia. Fue fundada por Gonzalo Argote de Molina al querer llevar a cabo una cláusula testamentaria de 1534 de Sancho de Herrera, Señor de Lanzarote. La voluntad de Sancho era construir un convento en Famara, lugar que en el siglo XVI estaba escasamente habitado.

La calle de los árboles: testigo de la gran alameda de eucaliptos, especieros y acacias de Teguise, plantados en 1928 por don Luís Ramirez González, caballero de la Orden Civil del Mérito Agrícola del rey Alfonso XIII.

A la sombra de sus árboles se celebraban actos lúdicos y festivos. La calle en fiesta, también se adornaba con flores y romero formando una alfombra.

Teguise es un pueblo que guarda una coherencia en sus construcciones, ha sabido mantenerlas y reinventarlas.

Mercadillo dominical de Teguise: nos sorprende que, fuera del pueblo hay habilitados varios descampados muy amplios, para parking, con sus cobradores y ordenadores del sitio, porque aquí deben venir de toda la isla a juzgar por la cantidad de coches.


Castillo de Santa Bárbara: La montaña de Guanapay sirvió como atalaya de vigilancia al divisarse desde ella la práctica totalidad de las costas de la isla. Allí se construyó una fortaleza defensiva, el Castillo de Santa Bárbara, convertido en el siglo XX en sede del Museo del Emigrante Canario y posteriormente en Museo de la Piratería.