Tarraco romana

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El origen de Tarragona se remonta a la antigua Tarraco en el Imperio romano. Fue una de las principales ciudades de Hispania y capital de la Hispania Citerior Tarraconensis o Hispania Tarraconensis.

El Foro Provincial, s. I d.C, estaba compuesto por el Circo, dos plazas y un templo, dedicado al culto a los emperadores y a Roma. Estas plazas tenían 4 torres cada una: Torre del Pretorio o de Pilatos, Torre de los Escipiones… En la Torre del Pretorio está el Museo de la Romanidad. En la plaza alta del culto es donde ahora está ubicada la Catedral. El Forum era el lugar desde donde se ejecutaba la labor administrativa. A partir del s.XII se urbanizó el interior de la plaza y se definió un trazo de calles que se ha mantenido hasta la actualidad, es parte del barrio medieval de Tarragona.

La Torre de Pilatos s. I d. C., es conocida también como Torre o Palacio del Pretorio por utilizarse en la edad media como residencia de reyes y nobles y se le consideró erróneamente palacio romano sin serlo, está en la Plaza del Rei. Dicen que aquí nació “Poncio Pilatos”, hijo del que por aquellos años era el Pretor de la Tarraco romana… pero… no sé yo… yo me lavo las manos en este tema- La Torre de Pilatos, comunicaba mediate pasillos y escaleras -en forma de u- las distintas alturas del circo y del foro. De la construcción romana nos quedan los 5 primeros metros de altura, los superiores, son medievales.

Vamos a subir y ver el museo que hay dentro y luego por los pasadizos llegaremos al Circo. Al lado de la torre está el Museo Nacional Arqueológico y la estatua es César Augusto. Desde lo alto de la torre del Pretorio se puede ver toda Tarragona, la catedral, el circo, el anfiteatro… El lugar que hoy ocupa la Catedral es donde estaba la plaza del culto del Foro y se conectaba con la otra plaza por unas escaleras, que coincide con las actuales escaleras enfrente de la Catedral.

También vemos el Anfiteatro, en su arena fueron quemados el año 259 el obispo Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio. En su honor se construyó durante el siglo VI una basílica paleocristiana y sobre este primitivo templo se construyó en el s. XII la iglesia románica de Santa María del Milagro, que sigue justo ahí.

El Circo fue construido a finales del siglo I d.c. bajo el mandato del emperador romano Domiciano, en él se celebraban los ludi circenses (carreras de caballos). Se puede visitar la cabecera oriental, donde se sitúa la puerta triunfalis y el graderío. Vemos la ‘Porta livitensis’, que es la salida para los participantes heridos.

Y también la torre visigoda en la esquina de la muralla. Durante la segunda mitad del s. XIV se construyó un nuevo tramo de muralla conocido como “el pretil” y para defenderlo se construyeron tres torres octogonales. Ésta, la Torre de las Monjas, recibe el nombre del convento de monjas clarisas (1287) que está al otro lado de la calle.

Son visitables varias de las vueltas interiores del circo. Las ‘vueltas’ son túneles o galerías que aguantaban el graderío superior. Dicen que es el mejor Circo conservado del mundo y la dimensión de las ‘vueltas’ es también un récord sobre los demás circos romanos. Estas vueltas se adentran en muchos casos en las entrañas del casco antiguo. La organización de los juegos en el Circo era asumida fundamentalmente por los sacerdotes encargados del culto imperial.

Las carreras de carros eran uno de los deportes más populares de la antigua Grecia y Roma. Solían ser peligrosas tanto para los aurigas como para los caballos. Los aurigas podían hacerse célebres en todo el Imperio simplemente sobreviviendo, ya que la esperanza de vida de un conductor de carros no era muy alta y la del caballo, menos. Dicen que Rómulo celebró una carrera de caballos justo después de fundar Roma, en el 753 a. C., como estrategia para distraer a los sabinos. Así, mientras los sabinos se deleitaban con el espectáculo, Rómulo y sus hombres raptaron a sus mujeres… el rapto de las sabinas.

Desde la Torre del Petrorio hay unos pasadizos subterráneos que llevan al Circo. En 1129 San Olegario, arzobispo de Tarragona, cedió la ciudad como un principado eclesiástico al mercenario normando Robert Bordet, que había servido a las órdenes de Alfonso I de Aragón y fue nombrado príncipe de Tarragona mediante un pacto de vasallaje. A partir de la infeudación del Principado de Tarragona, los normandos, comandados por Bordet, se instalaron en la ciudad. Robert Bordet aprovechó una antigua torre romana para establecer su castillo, la actual Torre del Pretorio, aunque ahora es más medieval que romana.

Del Circo romano, solo se ve un pequeño trozo y algunas gradas, la mayor parte está oculta bajo edificios, pero era muy grande, tenía una capacidad de 30.000 espectadores. Durante la edad media, a partir de la conquista y repoblación cristiana en el siglo XII el recinto del Circo era conocido como El Corral y se utilizaba como sede de Ferias y transacciones comerciales. Durante las siguientes épocas se aprovecharon las estructuras originales como soporte de las nuevas construcciones, de manera que el circo acabó por incrustarse en el mismo centro urbano de Tarragona.