Catedral de Notre-Dame

La Catedral nos fascinó y tomamos numerosas fotografías. No soy experta en arte, así que no las voy a comentar pero creo que os gustará verlas porque esta catedral como dijo Goethe, es para disfrutarla, aunque no la entendamos. Os dejo sus palabras que también me gustaron mucho.

«De la arquitectura alemana» (fragmento de Goethe)

«Cuando fui a ver la catedral por primera vez, tenía la cabeza repleta del conocimiento general del buen gusto. De oídas respetaba la armonía de las masas, la pureza de las formas, era un enemigo empedernido de las confusas arbitrariedades de los adornos góticos. Bajo la rúbrica de gótico (…) acumulaba yo todos los sinónimos malentendidos que alguna vez se me habían ocurrido, como ser, indeterminado, desordenado, poco natural, juntado sin selección, remendado, recargado. Yo, tan poco inteligente como un pueblo que llama bárbaro a todo lo desconocido (…) me estremecía, camino de la catedral, ante la idea de ver un monstruo contrahecho, encrispado.

Mas cuando me coloqué en frente qué vista inesperada me sorprendió! Una impresión cabal y grande me llenó el alma, pero dado que se componía de miles de detalles, armoniosos entre ellos, podía degustarla y gozarla, mas en absoluto conocerla e interpretarla. Dicen que es lo que sucede con los deleites del Paraíso.

¡Cuantas veces volví paga gozar de esta alegría celestial-terrestre y abrazar en sus obras el espíritu gigantesco de nuestros hermanos mayores! ¡Cuántas veces volví para mirar su dignidad y esplendor, desde todos los lados, todas las distancias, a cualquier luz del día! (…) ¡Cuantas veces el crepúsculo refrescó con amigable tranquilidad mi vista cansada por el mirar escrutador; entonces hizo que se fusionaran en masas enteras las innumerables partes y sólo aquellas se presentaron ante mi alma, simples y grandes, y mi fuerza se desplegó llena de deleite para gozar y conocer al mismo tiempo! En esos instantes se me reveló con leves presentimientos el genio del gran maestro de la obra!. Por qué te sorprendes?, me susurró. Todas estas masas eran necesarias ¿no las ves en todas las iglesias antiguas de mi ciudad? sólo he elevado a relación acertada sus proporciones arbitrarias. La forma cómo, sobre la entrada principal, que domina a dos más pequeñas al costado, se abre el ancho círculo del ventanal correspondiente a la nave de la iglesia, mientras anteriormente no había sido sino un hueco para dejar entrar la luz, la forma cómo la jaula del campanario, arriba en lo alto, necesitaba ventanas más pequeñas…¡todo ello era necesario y yo le di su hermosa figura!

(…) Con estas palabras se despidió de mí y yo me ensimismé en compasivas tristezas hasta que los pájaros de la mañana, que habitan en los miles de aberturas de la catedral, cantaran jubilosos y me despertaran del sueño. ¡Con qué frescura me brilló la catedral en el esplendor de aromática mañana, con qué alegría podía extender hacia ella mis brazos y mirar las grandes masas armoniosas, vivificadas en innumerables partículas como sucede en las obras de la eterna naturaleza, siendo todo, hasta la fibra más diminuta, forma y todo, medio para el conjunto!. ¡Cómo se eleva liviana en el aire la inmensa construcción de firmes basamentos, cómo todo está calado y, sin embargo, construido para la eternidad!. Debo a tus enseñanzas, ¡oh genio! el que yo no sienta vértigos ante tus profundidades, que en mi alma se deposite una gota de ese delicioso goce del espíritu el cual puede mirar desde lo alto a semejante creación».

Johann Wolfgang Goethe