Isquia

La isla de Isquia se puede visitar en un día, como hacemos la mayoría de los turistas, pero la isla más grande del golfo napolitano encierra demasiadas maravillas como para no disfrutarla varios días y pernoctar en cualquiera de sus numerosos alojamientos.

Isquia • Italia

Nos íbamos a Capri, pero nos asustamos de la cantidad de gente que entraba en el barco y decidimos sacar un pasaje para cualquier otra isla. ¿Qué tal estará Ischia? Lo bueno de esto es que parece que siempre hay un barco dispuesto para cualquier isla, así que nos vamos a Ischia, probaremos a Capri el lunes a ver si hay más suerte.

Llegamos en el Ferry desde Nápoles, no hay problemas de pasaje. Es un puerto pequeño y con una estrecha entrada, desde luego el capitán del barco tiene que afinar la puntería, es como enhebrar una aguja.

El puerto de Isquia es encantador, pequeñito, parece que el ferry no va a caber por la entrada. Ya en tierra para seguir la costumbre de conducir pésimamente, se mezclan los coches con los peatones, los camiones que van a los barcos… en un ajetreo difícil de comprender si no se ve, pero lleno de vitalidad y dinamismo.

Monte Epomeo

Según la mitología griega y romana, la tierra antes de ser habitada por hombres, estaba poblada de gigantes. Estos se rebelaron contra los dioses, quisieron ascender al monte Olimpo y Júpiter los castigó. Uno de ellos fue el gigante Tifeo, al que Júpiter sepultó bajo una roca y se formó el Monte Epomeo, que cambia de forma, no por su naturaleza de origen volcánico, ¡no!, sino porque el gigante Tifeo sube y baja y no para de moverse.

«Il fungo«, el hongo es de origen volcánico, es un peñasco de tufo verde, que surgió a partir de una violenta erupción miles de años atrás y cayó rodando desde el Monte Epomeo hasta el mar, donde se detuvo en medio de la bahía de Lacco Ameno, quedando a merced de las olas y del viento, que se han encargado de esculpirlo.

Góngora cita a este gigante en su «Fábula de Polifemo y Galatea»: «… bóveda de las fraguas de Vulcano o tumba de los huesos de Tifeo…»

Nota: Unos colocan esta rebelión en Sicilia, como Góngora o este otro comentario «…sabida la fábula de Tifeo (Tifón), aquel Gigante de Gigantes, a quien Júpiter, por su sacrílega rebelión contra los Dioses, con un rayo arrojó a las cavidades del monte Etna, de donde indignado vomita llamas contra el Cielo».

Y otros la colocan en la Campania como César Cantú en su «Compendio de la Historia Universal»: «Los mitos, que colocan en la Campania y en Inarime (Ischia) la guerra de los dioses contra Tifeo y los tres gigantes que Júpiter sacó fuera de la tierra, mientras abismó a los otros bajo los montes de la Sicilia, aluden a las sumersiones e inmersiones anteriores a la historia, cuando el suelo donde más tarde se asentaron Roma y Nápoles era todo sacudido por los volcanes, y lleno de hielo en la parte septentrional.

Paseo en barco alrededor de la isla

La isla de Ischia tiene un tesoro escondido en las entrañas de la tierra: las aguas termales con virtudes curativas que han dado fama al nombre de Ischia en el mundo como la Isla de la Eterna Juventud. Tiene muchos balnearios y una gran cantidad de fuentes termales, ya los romanos hablaron de sus beneficios, aunque creo que tomar las aguas por aquí no debe ser muy barato, vistos los hotelitos que hay.

La vuelta a la isla en barco es muy agradable y cómoda, es un barco con fondo transparente, además no paran de contarte cosas durante el trayecto.

Hay una casa construida por el arquitecto Le Corbusier, integrada en el paisaje y aprovechando los desniveles del terreno, vimos el lugar donde estuvo exiliado Musolini, ahora son apartamentos. Y un faro que se vende por un millón de dólares, desde luego una casita aquí quedaría de ensueño.

Toda la isla está salpicada de torres de vigilancia, ya que todas estas islas fueron muy castigadas por invasores y corsarios. Las torres de vigilancia más antiguas son redondas como la del Puerto de Forio, las más tardías son cuadradas.

Las rocas toman caprichosas formas, el camello de una princesa mora, el pie de un gigante, las rocas enamoradas, ¡qué tiernas!. El paseo en barco lo hacen muy ameno, te cuentan muchas historias y el barco es muy cómodo, no es una barquita de motor como la de Capri. La costa está salpicada de pequeñas cuevas y muchos barcos. Desde luego el mar aquí es una maravilla.

Solo estuvimos un día, y se nos quedó muy corto. Tiene muchos paisajes para ver, mucha historia para investigar y ahora que ya sé lo que hay, volveré otra vez.

Sant’Angelo

Sant’Angelo es el pueblo más bonito en donde tocamos puerto. En un pasado fue una pequeña aldea de pescadores, hoy en día es el núcleo turístico por excelencia en el sur de la isla. Su punto más alto es el islote que se comunica con el resto de la isla a través de un istmo natural. En la cima fue construida una torre en el siglo XVI para avistar las naves enemigas, que fue destruida casi por completo durante el bombardeo del 1809. Sant’Angelo es un lugar para pasar unos días. Caro como Capri, pero también tiene opciones más asequibles.

Castillo Aragonés

Este islote es el resultado de una erupción volcánica submarina que tuvo lugar en los inicios de la era neozoica. Hierón de Siracusa hizo construir en el año 474 a.C. las primeras fortificaciones de lo que hoy conocemos como Castillo Aragonés, la roca está unida a tierra por un puente de piedra construido por Alfonso V de Aragón* sobre el 1440, antes había uno de madera. Con la dinastía de Aragón el castillo alcanzó su mayor esplendor y llegaron a vivir aquí hasta 5.000 personas. Hay varias iglesias y conventos.

* Alfonso V de Aragón (Medina del Campo, 1396 – Nápoles, 1458). Llamado también Alfonso I el Magnánimo y Alfonso I el Sabio. Fue rey de Aragón, de Valencia (Alfonso III), de Mallorca (Alfonso I), de Sicilia (Alfonso I) de Cerdeña (Alfonso II) y conde de Barcelona (Alfonso IV); y entre 1442-1458 rey de Nápoles (Alfonso I). Sus restos fueron trasladados al Monasterio de Poblet, donde se encuentran los sepulcros de los reyes de la Corona de Aragón.

Regreso a Nápoles: ¡Mamma mía, el atardecer llegando a Napoli, qué bonito! Y ahora a ponerse de guapo y una cenita napolitana, unos Espaguetis alle Vongole (almejas) en el restaurante «7 Soldi», mi preferido de Nápoles, en el Barrio Español.

Vídeo de Isquia