Alange

Alange: un pueblo de Extremadura con embalse, castillo y termas romanas

Si buscas una escapada tranquila en Extremadura, apunta este nombre: Alange. Es un pueblo pequeño de la provincia de Badajoz, a unos 18-20 minutos en coche desde Mérida, que reúne tres cosas que pocas veces van juntas: un embalse enorme para desconectar, un castillo con una de las mejores vistas de la comarca y un casco urbano con termas romanas todavía en uso. Vamos por partes.

El embalse: agua, deporte y tranquilidad

Lo primero que impresiona al llegar a Alange es el embalse. Se formó al represar el río Matachel poco antes de que este desemboque en el Guadiana, y la presa se inauguró en 1992. No es un pantano cualquiera: tiene más de 5.000 hectáreas de superficie y una capacidad que ronda los 825-850 hm³, lo que lo convierte en una auténtica «playa de interior» para quien viaja por Extremadura en verano.

Se construyó sobre todo para regar los cultivos de la vega del Guadiana, aunque también ayuda a controlar las crecidas del río, protegiendo a poblaciones como Mérida y Badajoz, situadas aguas abajo.

Algunos datos curiosos para quien lo visite:

  • Es navegable y tiene rampas de acceso, así que se practica vela, piragüismo y windsurf sin problema.
  • Se puede pescar con licencia: carpa, lucio y black bass son las especies más buscadas. La zona de la presa es buena para el lucio, y el puente de Palomas para el black bass.
  • Hay rutas de senderismo** por sus orillas, algunas combinadas con la subida al castillo, con vistas al agua durante todo el camino.
  • Curiosidad histórica: al llenarse el embalse quedaron anegadas algunas casas de la parte baja de Alange y de la pedanía de Los Pajares. A los vecinos afectados los realojaron en un barrio nuevo del pueblo, así que parte del Alange actual existe gracias (o por culpa) del propio pantano.

El castillo de la Culebra: la mejor vista de la comarca

Sobre un cerro rocoso de 485 metros que domina el embalse se levanta el castillo de Alange, más conocido como castillo de la Culebra. El nombre viene de muy atrás: en época romana el lugar se llamaba Castrum Colubri, y de «colubri» derivó «culebra». Los musulmanes lo reconstruyeron como fortaleza en el siglo IX y lo llamaron Hisn al-Hanash, que significa exactamente lo mismo: castillo de la culebra.

No fue un lugar tranquilo precisamente. En el año 875 un noble llamado Ibn Marwan se rebeló contra el Emir de Córdoba y montó aquí su cuartel general. En 1230 se libró a sus pies la batalla de Alange, entre los ejércitos de Alfonso IX e Ibn Hud. Y en 1243 pasó a manos de la Orden de Santiago, que lo mantuvo como sede de su encomienda hasta que, en 1550, decidieron abandonarlo por su mal estado y trasladarse al pueblo.

Hoy en día se conservan restos de las tres murallas que protegían la fortaleza y, sobre todo, la Torre del Homenaje, de ladrillo y mampostería, que sigue en pie y es la gran protagonista de las fotos.

Para quien quiera subir:

La ruta desde el pueblo tiene unos 4-5 kilómetros y se hace en aproximadamente dos horas, ida y vuelta.

Es un camino con desnivel, así que conviene llevar calzado cómodo y agua, especialmente en verano.

Desde arriba se ve todo el embalse, el pueblo de Alange, y en días claros hasta Mérida y los castillos de Hornachos y Montemolín. Es un mirador de 360 grados sobre toda la comarca.

El pueblo: termas romanas de dos mil años

Y llegamos al corazón de todo: el pueblo de Alange. Su gran tesoro son las termas romanas, situadas en la parte baja del casco urbano, que ya existían en época de los emperadores Trajano y Adriano (siglo III d.C.) y probablemente son incluso anteriores. Están declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1993.

Lo especial de estas termas es que no son solo unas ruinas para mirar detrás de una valla: siguen funcionando. El edificio original romano, con sus dos cámaras circulares de piedra cubiertas por bóvedas con claraboyas, convive con instalaciones del siglo XIX y con un balneario moderno de hidroterapia. Es decir, uno puede bañarse literalmente en el mismo manantial que usaban los patricios de la cercana Emérita Augusta (la actual Mérida) hace casi dos mil años.

Datos prácticos si te animas a visitarlas:

  • El balneario abre normalmente de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00, con la piscina exterior en el mismo horario.
  • La parte puramente romana e histórica se visita en horario reducido (por ejemplo, fines de semana a mediodía) y suele requerir reserva previa a través de la Oficina de Turismo.
  • El precio de la visita monumental es simbólico, apenas unos euros.

Y para rematar el día, no te vayas sin probar la gastronomía extremeña local: migas con torreznos, caldereta de cordero o de cerdo ibérico, y una buena tabla de embutidos de la zona. Hay varios bares y restaurantes en el pueblo donde se come muy bien y a precios razonables.

En resumen

Alange es de esos sitios que no salen en las guías más conocidas de España, pero que tienen justo lo que uno busca en una escapada de fin de semana: agua para relajarse, un castillo con historia y vistas espectaculares, y unas termas milenarias donde meterse literalmente en la misma agua que los romanos. Todo en un radio de un par de kilómetros y a menos de veinte minutos de Mérida.