Capri • Italia
Categoría: islas
Paseando por Capri, una isla preciosa donde hicimos una escapada desde Nápoles. La isla de Capri está en el mar Tirreno, en el golfo de Nápoles, a 5 km. de la península de Sorrento. Pertenece a la región de Campania y ha sido un lugar vacacional desde la época de la antigua Roma.
Capri pertenece a la región de Campania, provincia de Nápoles y ha sido un lugar vacacional desde la época de la antigua Roma. Llegamos a Capri en el Ferry desde Nápoles al puerto de Marina Grande.
El pequeño puerto es caótico como casi todos, grandes barcos mezclándose con los barquitos, peatones y coches pasando por estrechas calles…
Capri es una isla montañosa. Sus principales elevaciones del terreno son el monte Solaro, Cappello, monte San Michele, monte Tiberio y monte Tuoro. Tiene dos ciudades: Capri y Anacapri. La ciudad de Capri tiene dos puertos, la Marina Piccola y la Marina Grande.
Para lo bonita que es la isla, un día se queda corto. Hicimos un paseo en barca rodeando la isla para ver los Farallones y visitar la impresionante y atestada Grotta Azzurra. Paseamos por sus calles, miramos “de lejos” los escaparates y finalmente ascendimos a pie hasta Villa Jovis, la “casita” de Tiberio. Volveremos con más tiempo.
Subimos a Capri en el funicular y dimos un pequeño paseo por el pueblo.
Por Capri han pasado muchos escritores, en esta casa, de 1909 a 1911 vivió y trabajó el escritor ruso Maksim Gor’kij y en 1910 Vladimir Lenin.
Capri es un laberinto de callejuelas estrechas.
Vamos en busca de la Villa Jovis, el camino es precioso, cuajado de flores, parece una isla griega y las casas y los jardines están muy cuidados.
Pero antes, una paradita para comer. Camino hacia la Villa Jovis, encontramos, el Bar Lindos, con camarero amable incluido. Tomamos una bruscheta, una pizza pero con masa de pan, buenísima y coherente de precio, Capri es bastante caro, tienes que buscar bien para que no te claven.
Desde el barecito la vista es preciosa, flores y más flores y encima de la montaña, el Castillo Barbarroja, al nordeste de Anacapri, de origen bizantino levantado con materiales de construcciones romanas. En el siglo XVI fue saqueado por el argelino Kaier-ed-Din, más conocido como el pirata Barbarroja.
Los Farallones

Llegamos a Capri en el Ferry desde Nápoles hasta el puerto de Marina Grande.
A la ciudad de Capri se accede por un funicular de 5 minutos de duración desde Marina Grande, pero antes fuimos a buscar el barquito para dar la vuelta a la isla.
Vuelta a la isla en barca
Al comenzar el paseo vimos una estatuilla encima de un gran peñasco, dicen que… da la bienvenida y despide a todo aquel que visita a Capri.
Desde el barco, vimos también el Arco Natural, era la entrada de una gran cueva que se adentraba en la montaña, pero las olas y el viento le dieron su actual forma.
El paseo alrededor de la isla se hace en una barquita con motor, y es muy bonito.
La costa de la isla está salpicada de preciosas grutas con coloridos del azul al verde pasando por turquesas y algún rojo de esponjas.
Aquí la luz penetra entre las rocas por un pequeño agujero y provoca en un punto una tonalidad turquesa. Todas estas grutas y oquedades tienen nombre tipo «la gruta esmeralda», de los corales, etc.
Los farallones o faraglioni son tres grandes peñascos de unos 100 metros de altura y son el símbolo de Capri.
Cada peñasco tiene su nombre, el primero está conectado a tierra firme y es Stella, el segundo es Faraglione di Mezzo y el tercero, Faraglione di Fuori o Scopolo.
Por el túnel del Faraglione di Mezzo pasan los barquitos, nosotros también pasamos por debajo. Y el Faraglione di Fuori es el hábitat del lagarto teñido de azul, el Lacerta viridens faraglionensis, solo vive aquí.

El faro de Punta Carena fue edificado hace más de un siglo y es el segundo en importancia por su luminosidad y potencia después del de Génova.
La Grotta Azzurra

Y por fin llegamos a la Grotta Azurra. Hay muchos barcos y tuvimos que esperar más de media hora por la gran cantidad de turistas que había. Además solo se puede entrar en barquitas de 4 personas.
La entrada es muy pequeña, vas agachado en la barca y solo se puede entrar con buen tiempo y marea baja. La Grotta Azzurra tiene una tonalidad azul preciosa en el agua, tiene una entrada de 1 m de altura, toda oscura con un agua de un azul intenso.
La iluminación viene del agua, la luz penetra en la cueva por refracción a través de una abertura submarina amplia. Los romanos la usaban como ninfeo marítimo, estaba consagrado a las ninfas.
La visita al interior se hace muy corta porque la cueva es realmente bonita con su bellísimo y luminoso azul, los barqueros entonan con mejor o peor fortuna alguna canción… muy breve todo, lástima.
No sé, un poco decepcionante tanta espera para tan poco tiempo, de todas formas si vuelvo a Capri, volvería a entrar pero llegaría hasta la gruta en excursión o autobús, no en barco.




Desde el barco vemos los Baños de Tiberio, se les denomina los Baños de Tiberio aunque pertenecen al Palazzo di Mare que fue la residencia preferida de Octavio Augusto. Se extendía a lo largo de la costa más de 850 m. Se puede llegar caminando o en motoras que salen cada 10 min. desde Marina Grande. Fue muy expoliado durante los siglos XVIII y XIX. En esta zona hay muchos barcos de vela, yatecitos, lanchas y barcas de todo tipo, el caso es disfrutar del mar.
Villa Jovis
En lo alto de la isla, a 334 m de altitud, el emperador Tiberio se hizo construir un fabuloso palacio de más de 7.000 metros de superficie que utilizó durante su supuesto retiro desde el 26 al 37 d. C. Las vistas desde aquí son sublimes: las islas de Isquia y Prócida, la Bahía de Nápoles, la península de Sorrento y el Golfo de Salerno. Para quitar el hipo.
Empezamos la ‘dura’ ascensión hacia la Villa Jovis, casi una hora bajo un sol de justicia… al final conseguimos vislumbrar la estatua de una virgen en lo alto, aunque al principio pensamos que eran… alucinaciones del camino y el sol.
¡Lo conseguimos! Sí, existe Villa Jovis. Nos reponemos un poco con los espectaculares paisajes que se ven desde este punto que posiblemente es el más alto de la isla. Si puedes evitarlo, no subas a las dos del mediodía, después de comer y en Julio. Nos acordamos muchas veces de Tiberio aunque imaginamos que él no habría tenido estos problemas pues lo subirían los esclavos en litera.
Desde luego Tiberio eligió bien el sitio. Está muy derruido pero te puedes imaginar las características de la casita. Termas, barrio de la servidumbre, barrio imperial y a su sobrino Calígula para no aburrirse.
La Villa Jovis ocupa el promontorio oriental de la isla, frente a la Punta della Campanella. La estructura del complejo se adapta a la naturaleza del suelo aprovechando los desniveles y formando terrazas con precipicios sobre el mar. Tiberio escogió la isla como sede estable para el último periodo de su vida, del 27 al 37 d.C.
La gran instalación de las Cisternas era el centro del complejo imperial, en torno a ellas se disponían los demás sectores: al sur las Termas, al oeste el barrio de la servidumbre, al norte y al este el barrio Imperial. En las cisternas se recogía el agua de lluvia, estaban intercomunicadas y según las exigencias, podían activarse o vaciarse.
También había un observatorio para Trasillo, el astrólogo de Tiberio y una torre de vigilancia desde donde se transmitían y recibían mensajes.
Para terminar el día, un paseo por la calle de las tiendas. Se nota el dinero, grandes tiendas de marcas, joyerías, restaurantes exclusivos…
Nos despedimos de los curiosos taxis sin techo y con toldo.
Y un último adiós a las gaviotas, cogemos el barco de vuelta a Nápoles, nos habría gustado estar más tiempo en Capri.
































