Itinerarios por la Medina de Tánger

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Estos itinerarios por la medina de Tánger nos permitirán conocer en profundidad la vieja ciudad encerrada en el recinto amurallado. Las calles principales son rectilíneas y dan acceso a un auténtico laberinto de callejuelas que a su vez dan acceso a los adarves o callejones sin salida.

1.- Calle Siaghins

La calle de los Siaghins o de los Plateros era la Decumano de época romana. Une el Suc d’Barra o Zoco grande en el exterior con el Suc Dakhel o Zoco de adentro conocido como el Zoco Chico.

Muchos de los edificios de la calle Siaghins son de estilo europeo de finales del XIX, de estilo Neoclásico.

Nada más entrar en esta calle desde el Zoco Grande, a mano derecha encontramos el Mercado de Abastos que bien merece un recorrido.

Avanzando unos pocos metros por la calle Siaghins, también a mano derecha se encuentra la Seqaya Siaghins, una de las pocas fuentes decoradas que quedan en la medina. Aunque la restauraron en 2003, actualmente está en desuso. Para ofrecer agua a los transeúntes, circulan constantemente por aquí los Guerraba o aguadores, típicamente vestidos que ofrecen el agua en sus relucientes cuencos de bronce que llevan colgados de su chaleco.

El aguador

Frente a la fuente, al otro lado de la calle Siaghins encontraremos el Fondaq Siaghins o Yebala. Fondaq significa fonda y yebala se refiere al lugareño, al que viene del campo o de la montaña (Yebel). Su construcción es seguramente anterior al siglo XIX.

Las salas de sus pisos organizados en torno a un patio central sirvieron de hospedaje a los comerciantes y también como almacén para sus mercancías. Hoy son tiendas de ropa tradicional. No hay que perderse la escalera bellamente ornamentada que da acceso al piso superior desde el pórtico interior.

Más o menos a mitad de la calle Siaghins vemos la iglesia de la Purísima Concepción, de 1.880, la única iglesia en todo Marruecos instalada dentro de una medina. Actualmente ocupan el edificio las misioneras de la Caridad, de la Madre Teresa de Calcuta.

Sinagoga Assayag

La Sinagoga Assayag es nuestro próximo punto de interés. La fundó Yehuda Assayag en 1.880. Desde hace más de 80 años no se utiliza como lugar de culto. Hoy es museo y centro de estudios e investigación del judaísmo sefardí. Conserva la decoración antigua de arabescos islámicos y de ornamentos judíos. Fue muy conocida por los manuscritos antiguos que conservaba. El museo que alberga está dedicado al patrimonio cultural del judaísmo de los Megorachim, que, expulsados de España en 1.492 se establecieron en Marruecos con sus costumbres y su lengua, la Haketía. Esta lengua es una mezcla de hebreo, castellano antiguo y árabe. En la terraza del edificio hay una cafetería donde se puede tomar un té y degustar sus ricos dulces milenarios.

El Museo Dar Niaba se encuentra ya a poca distancia del Zoco Chico. Alberga una exposición sobre la historia diplomática de la ciudad y una colección de pintura de autores como Jacques Majorelle, Mariano Bertuchi o Antonio Fuentes. Su hermoso patio interior muestra en sus paredes cuatro grandes paneles de azulejos esmaltados que recrean la vida en Tánger a principios del siglo XX. La puerta principal es de la época de dominación portuguesa.

Zoco Chico

Al final de la calle Siaghins llegamos al Zoco Chico o Zoco de Adentro. Esta pequeña plaza rodeada de cafés y a primera vista, insignificante recoge toda el alma del viejo Tánger. Hasta finales de los años 30 fue el corazón de la ciudad y su centro de negocios. Aquí se reunían cada noche gentes de todas las nacionalidades y religiones. Musulmanes, judíos, cristianos, españoles, franceses, italianos, belgas, portugueses, ingleses, americanos y también apátridas recibían y comentaban aquí las últimas noticias.

Cuando el centro urbano se trasladó fuera de la ciudad, los edificios se transformaron en hostales y pensiones modestas. Hoy en día, el Café Tingis o el Café Central nos pueden servir de lugar de reposo en su terraza mientras tomamos un té con hierbabuena. Frente al café Central se alzaba el Hotel Fuentes. Fue aquí donde Camille Saint Saëns compuso su Danza Macabra. Este hotel hoy es una vieja pensión.

El Zoco Chico continúa con una bifurcación, a la derecha la Calle Correos, hoy Mokhtar Aherdan y la Calle de la Marina a la izquierda.

Calle Correos

La calle Correos fue muy importante porque desde la segunda mitad del siglo XIX España, Francia y Gran Bretaña tenían sus oficinas de correos y emitían sus propios sellos.

Hasta 1.906 la distribución del correo caía en manos de los rekkas y lo hacían a pie, andando o corriendo. Desde Tánger a Fez lo hacían en tres días y empleaban una semana para llegar a Marrakech.

A finales del XIX y principios del XX en esta calle también había hoteles de lujo y las legaciones de España, Portugal y Gran Bretaña.

Al principio de la calle haciendo esquina vemos el antiguo edificio del telégrafo español, hoy sede de la Casa de Nazaret donde los Padres Blancos atienden y cuidan de los más necesitados.

La calle Correos, Mokthar Aherdan termina en unas escaleras (American Cinema) que superando la muralla terminan en la plaza de Dar Dbag. Cuando el agua del mar llegaba hasta las mismas puertas de la ciudad, aquí estuvo el primitivo faro del puerto, el primero que se instaló en Marruecos.

Junto a las escaleras y al lado de la muralla hay otra fuente, la Seqaya Dar Dbag, también del siglo XIX.

Hacia la derecha mirando desde la muralla estaba el Fondaq Dar Dbag, que era del siglo XVI. Durante más de tres siglos funcionó como hospedería para comerciantes y visitantes. Tras la ampliación extramuros de la ciudad sufrió un notable abandono. En su rehabilitación tuvieron en cuenta el estilo y las técnicas de construcción del siglo XVII con alicatados de suelos y paredes y revestimientos de las cubiertas de madera. Candelabros de cobre con vidrios de colores completan su decoración. Hoy en día es un zoco donde mujeres de zonas rurales comercian con sus productos. También tiene un restaurante de comida tradicional.

Junto a la puerta Dar Dbag de la muralla, unos escalones nos llevan hasta el bastión de Borj el-Hojoui, que formaba parte del conjunto de fuertes que defendían la ciudad. Tres de estos fuertes, entre ellos este, estaban provistos de dos grandes cañones cada uno del tipo Armstrong de 20 toneladas importados desde Gibraltar en 1.880. Jamás llegaron a utilizarse. Solo por las vistas sobre el puerto y la bahía, vale la pena subir hasta lo alto de este lugar.

La Gran Mezquita

Volvemos en dirección al Zoco Chico por la calle de la Marina donde nos topamos con la Gran Mezquita, el lugar de culto más importante de Tánger. La construyó el sultán Muley en 1.684 tras la espantada de los ingleses cuando se retiraron y entregaron definitivamente la ciudad a Marruecos. La mezquita mantiene una decoración sencilla y es de modestas proporciones según la tradición de la dinastía alauita.

Cerca de la mezquita se levanta la tradicional medersa o escuela coránica que es del año 1.777.

Junto a la medersa otra fuente, la Seqaya Yamaá el-Kebir, de 1.889.

Al final de la calle, ya casi llegando al Zoco Chico, estuvo la antigua sede del Banco de Marruecos cuya función pasó a ser la de un lujoso bazar y hoy en día es un hotel con encanto: el Riad Palais Zahia.

2.- Beni Idder

Beni Idder es el barrio situado más al sur de la medina. Es el que más influencias europeas tuvo y aquí instalaron sus principales legaciones y consulados desde mediados del XIX hasta principios del XX.

Calle de las Sinagogas

Comenzamos el recorrido desde el Zoco Grande y nos dirigimos a la Calle de las Sinagogas. A esta calle, actualmente calle Cheikh el-Harrak, accedemos desde la calle Siaghins. Aquí se encontraba la Gran Sinagoga, del siglo XVIII, hoy desaparecida.

La presencia de población judía en Tánger no se sabe con exactitud, pero se remonta a más de dos mil años. Durante la ocupación inglesa (1.662-1.684) los judíos crearon su primer lugar de culto en Tánger, una pequeña sinagoga llamada de los Flamencos.

A finales del XIX representaban más de la cuarta parte de la población de la ciudad. Hoy solo quedan unos pocos y de las diez sinagogas que había dentro de la medina, hoy solo quedan dos, la sinagoga Rabbi-Akiba y la Massat Nahon. La primera es del año 1.902 y la segunda, de 1.878, con su estilo hispano-morisco es la más hermosa. Desde 1.994 dejó de ser lugar de culto para convertirse en un museo.

Los judíos de Tánger siguen hablando la haketía, un castellano del siglo XVI mezclado con portugués, árabe y hebreo.

En esta misma calle hay un antiguo horno de pan, el Ferran Mellah, que todavía está en uso.

Una de las antiguas sinagogas es hoy el Museo de la Fundación Lorin donde podemos admirar una exposición permanente de documentos y fotografías del Tánger internacional, aunque la calidad de las copias de los documentos deja mucho que desear. Cierra los sábados y la entrada es gratuita.

Plaza del Progresso

Si nos acercamos hasta la Plaza Progresso, que hoy se llama Takadoum, veremos la Seqaya Progresso. Es la única fuente ornamentada que sigue en uso en la medina. En esta misma plaza se alza la Zaouia Wazzania también conocida como Dar Dmana. Esta fue la casa de Sid Abdeslam, Gran Jerife de Wazzán, un personaje muy singular.

Siendo descendiente directo del Profeta y jefe religioso, tuvo la osadía de contraer matrimonio en 1.873 con Emily Keene, inglesa. Su amor por ella le hizo aceptar las condiciones occidentales que ella impuso. Así, se comprometió a no tomar otra esposa y ella tuvo la libertad de salir sola siempre que lo desease, además de conservar y practicar su religión cristiana. Todo esto creó enemistades con sus cofrades, sin embargo el Jerife cumplió su palabra hasta el final. Su esposa Emily Keene está enterrada en Tánger en el cementerio de Saint Andrews.

Nos adentramos en la calle Kadi Temsamani donde veremos la casa del cadí o juez Sidi Temsamani. Fue un personaje muy querido en la ciudad y en 1.941 llegó a ser Gobernador de Tánger, representante del Sultán ante las potencias extranjeras.

Antigua Legación Americana

Muy cerca tenemos The Old American Legation Museum, la antigua Legación Americana. Es el único Monumento Nacional de los EE. UU. que está fuera de su territorio.

Este palacete fue un regalo del Sultán Muley Simane al Presidente James Monroe en 1.821. Funcionó como legación diplomática hasta 1.956. Se trata de un auténtico monumento. Es del siglo XVIII y ocupa dos edificios situados a ambos lados de la calle de América. Las habitaciones están dispuestas alrededor de un patio central de estilo hispano-árabe y ha tenido diferentes ampliaciones a lo largo de los años.

Son admirables los pabellones de estilo árabe alrededor del patio, las puertas y lámparas antiguas, los techos y tejas traídos de Fe, así como las chimeneas de mármol.

Tras 135 años de actividad diplomática, estuvo abandonado durante 20 años. Finalmente en 1.976 se convirtió en museo y centro de investigación universitario. El museo contiene una interesante biblioteca especializada con más de 8.000 libros sobre Marruecos, el Magreb y el Norte de África. También exhibe una rica colección de arte de los siglos XVII al XX, mapas, grabados, dibujos y pinturas, que son un retrato de la historia de la ciudad. No faltan grandes pintores como Auguste Delacroix así como pintores marroquíes. Otro aspecto interesante del museo son las grandes maquetas con soldados de plomo que representan hechos históricos como la Marcha Verde o la Batalla de los tres Reyes.

3.- De Wad Ajardan a Yenan Kaptan

Wad Ajardan es el barrio más activo de la medina que tiene la mayor concentración de comercios. Arquitectónicamente se caracteriza por los edificios de estilo colonial español a ambos lados de las calles principales.

Este es un recorrido circular en el que atravesamos dos barrios de la medina. Saliendo del Zoco Chico, recorremos la antigua calle de los Cristianos, hoy de los Almohades, que era la antigua vía romana del Cardo Máximus.

Nada más entrar en esta calle, giramos a la izquierda por la calle de la Palmera y llegamos a la plaza de los Aisaouas. La cofradía de los Aisaouas es una de las más importantes del norte de África. Aquí en esta plaza tienen una zaouía en honor a su patrón Ben Aisa.

Los Aisaouas

Los Aisaouas están presentes en todo el territorio marroquí. Tienen fama de que realizan curaciones milagrosas e inspiran a la vez miedo y respeto.

Cuidan y alimentan a las serpientes como la víbora cornuda, la cobra o la temible víbora del Gabón. Les profesan culto porque para ellos representan la fuerza y la tranquilidad. No temen a las mordeduras ni al veneno pues se dice que son inmunes a su veneno y esa inmunidad se hereda de padres a hijos. Solo por herencia de sangre se puede entrar a formar parte de esta cofradía. Desde su fundación los aisauas utilizan a las serpientes en actos religiosos, curaciones, exorcismos y exhibiciones, a cambio de unas monedas o comida. Hoy en día el carácter espiritual de esta actividad se ha ido perdiendo y proliferan los espectáculos para turistas cuya actividad todavía no se sabe bien qué consecuencias tendrán para las poblaciones de serpientes del sur de Marruecos.

Además de la caza de las serpientes, sus ritos incluyen prácticas ocultas y secretas. Algunos dicen que beben agua hirviendo, se aplican en la lengua hierros candentes o sencillamente se automutilan.

Cada año tiene lugar una peregrinación a la zaouia de Sidi Mohamed Ben Aisa, el fundador de la cofradía. Durante la procesión y las ofrendas realizan la célebre danza llamada Hadm que dura toda la noche y en la que entran en éxtasis.

Sidi Mohamed Ben Aisa nació en 1.465 en el sur de Marruecos y era un sufí andalusí. En la ciudad de Mekinés impartió sus enseñanzas en la gran mezquita y allí construyó su propia zaouia donde lo enterraron a su muerte en 1.521.

En la misma plaza de los Aisaouas se levanta la Mezquita Nueva, Yamaá Yedida.

Siguiendo por la calle Nassiria hacia la plaza de la Fuente Nueva, Seqaya Yedida, hay un café que han inaugurado recientemente, el Tangier’s Moments, muy curioso, ideal para descansar en la terraza con un té verde a la menta.

La plaza de la Fuente Nueva

La plaza de la Fuente Nueva tiene de todo, mucho bullicio y ajetreo, pero no tiene fuente pues la retiraron hace tiempo. Cuando el Zoco Chico dejó de funcionar como mercado, esta plaza tomó el relevo. Aquí podemos ver a las mujeres del Rif vestidas con sus tradicionales prendas, futas o toallas a rayas rojas y blancas y sombrero de rafia decorados con pompones. Venden sus productos del campo, tomates, cebollas, frutas y verduras, menta fresca y sobre todo, higos chumbos. También podremos degustar el pan dulce con anises (fqaqa) y deliciosos crepes (rghayefs).

Barrio de Yenan Kaptan

Entramos en el barrio de Yenan Kaptan. Durante la ocupación portuguesa e inglesa todo este barrio era un simple jardín y tenía un foso alrededor de la muralla. Hoy Yenan Kaptan (el Jardín del capitán) es el segundo barrio de la medina en densidad de población. El primero es Dar Baroud.

Al final de la calle Gzenaya está el pequeño mausoleo de Ibn Batouta, al que pueden acceder los no musulmanes. Por supuesto hay que entrar descalzo.

Ibn Batouta

A Ibn Batouta se le conoce como el Marco Polo de Oriente por la cantidad de viajes que realizó. Nació en Tánger en 1.304. A los 21 años emprendió la peregrinación a la Meca y lo que iba a ser un viaje de seis meses, se prolongó durante casi 30 años por el mundo islámico del siglo XIV y también fuera de él. Recorrió el norte de África, Egipto, Siria e Irak hasta llegar a La Meca. Luego visitó la India y llegó hasta China. De regreso volvió a La Meca y bajando por la costa oriental de África, atravesó Somalia y lo que hoy es Tanzania para después regresar a Fez.

En un segundo viaje mucho más corto atravesó el Sahara y llegó a Nigeria y a Mali. En su regreso definitivo a Fez se dedicó a relatar sus viajes al Sultán de Marruecos y dictar su libro al escribano granadino Ybn Yuzayy que se llamó El Rihla, Los Viajes. Este escrito es de enorme importancia para la época pues aporta datos históricos, geográficos del mundo musulmán, sus costumbres y también sus conflictos religiosos internos.

Ibn Batuta falleció en 1.377. El Rihla fue traducido en el siglo XIX al inglés, al francés y al alemán con el título «A través del Islam».

Junto a la tumba de este gran viajero hay una fuente en la que aún hoy algunas mujeres realizan la colada en ella aunque no se hizo para ello. Estos lugares escondidos en las vías secundarias como el horno de pan, la fuente, la mezquita o el hamman, prestan una función social como lugar de encuentro sobre todo para las mujeres que raramente salen de sus casas.

Regresamos a la plaza de la Fuente Nueva y nos acercamos a la Zaouia Tijanía, la cofradía más antigua de Tánger.

Entramos en la plaza de la Fuente Nueva por la calle de Sebou. Aquí no hay un rincón que no sea un bazar ni un espacio en la pared que no esté ocupado por artículos a le venta. En el número 14, la famosa perfumería Madini que fabrica sus propios jabones y perfumes desde hace generaciones siguiendo la tradición familiar Esta familia lleva desde los años 50 dedicándose a este negocio. Son capaces de reproducir fielmente cualquier colonia o perfume a precios muy razonables.

Cruzando la plaza de Ouad Aherdane, nada más entrar en la calle de los Almohades (antiguamente, de los Cristianos), en un edificio de tres plantas, hay una importante tienda de antigüedades llamada Majid.

A lo largo de la calle de los Almohades, infinidad de talleres y comercios de todo tipo de moda, ropa de marca, zapatos, babuchas, chilabas o caftanes. También abundan los bazares llenos de artesanía, alfombras de Rabat, tapices de Taznaqt, kilims bereberes de dibujos geométricos, lámparas de latón, bandejas de cobre, mesas con mosaico, biombos en forja, cerámica de Fez. No hay que perderse la interesantísima farmacia Bereber.

Antes de finalizar el recorrido en el Zoco Chico, vale la pena visitar el posiblemente más interesante bazar de la medina, el Bazar of Silver Jewelry. Está ubicado en un edificio de tres plantas y desde su terraza disfrutaremos de una espléndida vista del minarete de la mezquita Yamaá Yedida y de la kasba.

4.- Dar Baroud

Dar Baroud significa «polvorín». Está situado frente al puerto y es el más grande de la medina.

Lo primero que nos llama la atención en la punta noroeste es la antigua batería de defensa llamada Borj Dar al-Baroud. Desde 2.021 se puede visitar como centro de interpretación de las fortificaciones de Tánger.

Aqí se encontraban dos de esos cañones Armstrong de grandes dimensiones importados desde Gibraltar en 1.880. Pesaban 20 toneladas y medían tres metros de longitud por dos de altura. Estaban montados sobre una plataforma giratoria con raíles y tenían un alcance de unos 600 metros. Recorrer sus torres y pasarelas nos ofrecerá unas excelentes vistas sobre el Estrecho.

Diwana o aduana del puerto

Nos dirigimos a la antigua Diwana o aduana del puerto, un edificio con cuatro pórticos según el estilo marroquí. Hasta hace muy poco se utilizó como parking del hotel Continental.

Su construcción es de 1.881 cuando reinaba el sultán Muley Hassan. Hasta principios del siglo XX tuvo una gran actividad que se perdió cuando ampliaron el puerto para ganarle terreno al mar. Su rehabilitación lo ha convertido en un espacio de interés cultural y turístico.

Detrás de la Aduana, el hotel Continental, inaugurado en 1.865. Dispone de una espléndida terraza con vistas al puerto y unos patios interiores que bien merecen una visita.

Dejando el hotel nos adentramos en el barrio por la calle Dar Baroud. Enseguida encontramos la primera de las cinco zaouias, la Zaouia Kettania. Las zaouias son construcciones que sirven tanto de mezquita como de hospedería, escuela y también a veces, de hospital. Estos santuarios dependen de las cofradías religiosas y allí se reúnen sus miembros o cofrades.

Detrás de la Zaouia Kettania hay uno de los dos hornos de pan tradicional del barrio, el Ferran Hadj Chaib.

Siguiendo por la calle Dar Baroud, antes de entrar a la antigua plaza del Arsenal, hoy de Sidi Alí Ben Daoud, tenemos el Hamman de Dar al-Baroud.

En la plaza se alza la mezquita de Sidi Alí Ben Daoud que también funciona como zaouia. En la misma plaza hay otro santuario, la Zaouia Harraquía. Tiene una fuente en la pared todavía en uso.

Enfilamos la calle Zaitouna que atraviesa el barrio de este a oeste. Es la zona más densamente poblada de la medina. Las casas son pequeñas, tienen una media de 20 m2 de superficie. Recorremos toda la calle hasta entrar en la calle Albidina bajando por ella hasta llegar a la calle Cheikh Mohamed Ben Seddik. Aquí encontraremos la hermosa puerta de la Zaouia Darkaoua, donde está enterrado el Cheikh Mohamed Ben Seddik.

Los miembros de la cofradía Darkaoua tienen que llevar barba y se la tiñen de color naranja. Creen que los hombres que no llevan barba no son buenos musulmanes y por supuesto, no pueden formar parte de su cofradía.

Frente a la zaouia, otra fuente de agua potable, la Seqaya Amrah, pues muchas casas no disponían de agua corriente.

En la calle Cheikh Mohamed Ben Seddik podemos apreciar cómo muchas de las casas cubren parcialmente la calle, algo muy típico de la medina. Pasando bajo estas casas como por un túnel, veremos el otro horno de pan tradicional, Ferran Amrah y en la esquina, los baños, el Hamman Franco.

Aquí nos desviaremos por la calle Wargha para tomar la calle Kadiria. Una sencilla puerta de color verde, el color del Islam, nos indica la tumba de otro hombre santo, Sidi Abdelkader Jilali. Siguiendo por esta estrecha callejuela nos sorprenderá la puerta más grandiosa de todas las zaouias de la medina, la Zaouia Kadiria.

Al final de la calle Zaouia Kadiria, girando a la derecha para entrar en la calle Amrah, hay dos morabitos más. El primero el de Sidi Ben Raisoul en la calle del mismo nombre, y el segundo, la tumba de Sidi Hosni. En este mismo callejón se encuentra la que fue residencia de la extravagante y multimillonaria Bárbara Hutton.

Atravesaremos la plaza Amrah y encontraremos una de las puertas que dan acceso a la medina, la puerta Bab Haha. La otra puerta, más adelante, la de Bab el-Assa nos servirá como final de este recorrido. Pero primero una pausa en el Café Baba. Se lo conoce como el Café de los Rolling Stones porque era el preferido de Mick Jagger cuando visitaba la ciudad.

5.- La Kasba

Ciudadela fortificada rodeada por una muralla, constituye una medina dentro de la medina. Por su privilegiada situación en lo más alto, domina el estrecho de Gibraltar el norte, el puerto y la bahía al este y toda la ciudad de Tánger al sur.

Dispone de dos baterías de defensa, Borj Ben Amar, a ambos lados de Bab Kasba y una tercera algo más al norte que acaba de ser restaurada y abierta al público.

Para acceder a su interior hay en la muralla tres puertas: Bab el-Assa, Bab Haha y Bab Kasba. Las dos primeras están dentro de la medina y la tercera (Bab Kasba) está situada extramuros en el barrio del Marshán.

Pasando el tiempo abrieron otros accesos como Bab Er-Raha o Puerta del Descanso que comunica con el barrio extramuros de Sidi Bouqnadel situado junto a la muralla norte. Otro acceso reciente son las escaleras que dan a la calle de la Kasba, al oeste.

Este itinerario comienza desde el barrio de Yenan Kaptan, dentro de la medina y entramos a la Kasba por la puerta de Bab el-Assa.

Puerta de Bab el-Assa

Bab el-Assa significa Puerta de los Azotes o de los Bastonazos. Era el lugar donde en tiempos del Sultán azotaban a los presos que pasaban por aquí camino de la prisión.

En el interior de esta puerta se conserva una de las fuentes más grandes y hermosas, la Seqaya Bab el-Assa, aunque hace tiempo que dejó de dar agua. En su lugar se han instalado los Guenaouas que tocan su música para recoger alguna propina de los turistas.

Los Guenaouas son descendientes de antiguos esclavos del África subsahariana, principalmente de Senegal, Sudán y Ghana. Han constituido su propia cofradía en el que practican un culto mezcla de sus raíces africanas y árabe local. Su música tiene un fuerte componente místico religioso. Cantan su pasado de esclavitud y su conversión al Islam. Son capaces de ejecutar hermosas acrobacias mientras bailan y músicos y bailarines pueden llegar a entrar en trance. Sus principales instrumentos son la guitarra de tres cuerdas, el guembri y una especie de castañuelas de metal, el crakeb.

A las puertas de Bab el-Kasba encontramos la primera de las dos plazas que hay en la Kasba. Es la plaza del Tabor español.

Plaza del Mechouar

La otra es la Plaza del Mechouar, más conocida como la plaza de la Kasba. La flanquean la muralla norte y algunos edificios de interés histórico como la Casa del Gobierno, la Tesorería, los establos del Gobierno, las prisiones, el Tribunal de los califas del Pachá, la Torre del pachá Alí Rifi y la majestuosa Yamaá Kasba con su minarete octogonal recubierto de azulejos de colores que domina toda la ciudad. Por las mañanas la plaza está muy concurrida con grupos de turistas que vienen a visitar el Museo de la Kasba. No faltan los aisaouas, encantadores de serpientes.

La otra puerta que lleva a la Kasba directamente desde la medina es la de Bab Haha.

La torre del pachá Alí Rifi se levanta sobre una fortaleza inglesa anterior que fue destruida en 1.684. El pachá reconstruyó la torre como una mansión fortificada digna de su rango de gobernador general. Desde su palacio podía vigilar las fortalezas de Tánger,  dominar el Estrecho y el puerto, la medina y parte del territorio. Su hijo y sucesor, el pachá Ahmed Ben Ali Rifi se rebeló contra el sultán Muley Ismael, lo que provocó la destrucción y el saqueo del palacio.

La antigua prisión que dejó de funcionar como tal hace muchos años, desde 2.022 es ahora Espacio de Arte Contemporáneo.

Junto a la prisión, en lo alto de una escalera de diez peldaños vemos la columnata de Bit el-Mal o la Sala del Tesoro. Dieciséis columnas en hileras de cuatro. Sus pilares y capiteles son de mármol blanco, pero de inferior calidad que las del antiguo tribunal y las del patio del palacio del Sultán, con un trabajo más tosco. Sin embargo, el conjunto resulta muy bello. Tiene un hermoso techo cubierto con una cúpula dodecagonal. Conserva cuatro grandes cofres de madera de cedro reforzada con herrajes y una antigua caja fuerte de cerradura escamoteada.

Otro edificio con una bella fachada es el antiguo Tribunal o Mechouar de los Califas. Aquí pasaban audiencia los califas del Pachá, el de la ciudad y el del campo. Destacan sus columnas de mármol con capiteles del mismo material. Hoy este lugar acoge una tienda de interiorismo de la decoradora Laure Welfing.

Pasamos al Palacio del Sultán o Dar el-Makhzen (Casa de Gobierno). Dicen y cuentan que aquí hubo un templo dedicado a Hércules, pero no hay vestigio alguno que lo demuestre.

Primero los portugueses (1.471 – 1.661) y después los ingleses (1.662 – 1.684) construyeron aquí. Fue en 1.750 cuando el pachá Ahmed Ben Ali Rifi edificó el que hoy conocemos como el Palacio de la Kasba. Este pachá era hijo del caíd Alí Ben Abdellah Rifi, quien había expulsado a los ingleses en 1.684. Estos destruyeron su propio castillo antes de retirarse y sobre esas ruinas el pachá levantó su palacio.

Su arquitectura corresponde a una residencia señorial marroquí con una clara separación entre el espacio público y el espacio privado. Tiene un patio interior a cielo abierto en el que sus columnas clásicas son el único elemento que no se corresponde con la decoración marroquí. La fachada que da a la calle carece de toda decoración, pues la riqueza siempre está en el interior de las viviendas.

Es muy probable que la torre de vigilancia cuadrada que se yergue sobre el palacio sea originalmente construcción portuguesa.

Museo de la Kasba

El palacio contiene en la actualidad el Museo de la Kasba en el que se muestra una gran variedad de artesanía marroquí: muebles, joyas, armas, tapices, pinturas, cerámica y también objetos de la época preislámica de la ciudad.

El patio interior

El pavimento conserva los azulejos de Tetuán. Está rodeado por galería porticada con 16 columnas de mármol blanco que protegen las habitaciones del sol y de la lluvia. En el patio también se conserva la fuente octogonal revestida de mosaicos.

Aunque hay ocho puertas, únicamente siete de ellas dan acceso a una habitación. La central de la izquierda conduce a una fuente y a una escalinata que conduce al piso superior y al jardín. Esto se hizo para preservar el número 7 al que los musulmanes dan mucha importancia. Todas las puertas que dan al patio son de la época de la visita del sultán Muley Hassán a Tánger en 1.889.

Las paredes que dan al patio son de cal blanca, mientras que las interiores están ricamente decoradas con mosaicos, azulejos, estucos o madera pintada, siempre, por supuesto con motivos decorativos geométricos o abstractos.

Las salas principales de los palacios árabes de denominan Qubbas o cúpulas. Las dos Qubbas del palacio están en los extremos del patio. La de la parte superior  hay un grabado que indica la fecha de finalización de las obras, el año 1.153 de la Hégira (1.740-41). Eran los años en los que el pachá Ahmed Ben Alí estaba en el apogeo de su gobierno.

En estas salas se expone la colección permanente del museo que muestra la historia de Tánger desde la prehistoria hasta el siglo XX.

Museo Arqueológico

Al fondo del patio, atravesamos la puerta que nos conduce a Dar Chorfa, el Museo Arqueológico que ocupa el edificio siguiente, de dos plantas y que antaño estaba dedicado a las cocinas.

En el suelo del patio un hermoso mosaico traído de Volubilis «Navigum Veneris» que muestra a la diosa en un barco.

En la exposición, un usebti griego, una lámpara griega, ánforas, anclas y un astrolabio. En la planta superior se exponen motivos religiosos y funerarios, algunos de época púnico-romana.

Riad es-Sultan

El jardín del Sultán es grande y acogedor, con árboles frutales, pérgolas, parras y pozos decorados. También tiene acceso desde la calle del mismo nombre, Riad Sultan, pero su puerta ricamente adornada, casi siempre está cerrada.

El jardín está dividido por un muro que debió ser levantado con posterioridad a la creación del jardín, pues rompe la perspectiva y la organización natural de estos jardines. La zona principal tiene dos caminos que lo dividen en cuatro partes iguales con fuente, pozo y plantaciones de naranjos, limoneros, higueras, granados junto con plantas aromáticas, jazmín, albahaca, hierbabuena o menta.

Dar el-Ma’az

Fuera del jardín, en la pared Este, un espacio del palacio que ahora son viviendas particulares. Era el Dar el-Ma’az o Casa de las Cabras. Pertenecía a algunas familias de esclavos negros del Pachá que guardaban aquí el ganado.

La Mezquita de la Kasba

La Mezquita de la Kasba o Yamaá Kasba está situada junto al Museo de la Kasba y tiene su entrada por la calle Abbou. No conocemos la fecha exacta de su construcción, pero sí se sabe que la edificó el pachá Alí Ben Abdellah Rifi cuando los ingleses abandonaron la ciudad. Su hijo, el pachá Ahmed amplió la mezquita y construyó el minarete octogonal policromado que tanto la caracteriza.

Dar Ben Abbou

Continuamos paseando junto a la muralla interior por la calle Ibn Abbou para admirar algunas puertas muy bellas.

Cuando alcanzamos el lugar donde la calle se cubre por las viviendas, a la izquierda, una sencilla y discreta puerta nos muestra la casa del antiguo Pachá de Casablanca y de Mogador, Allal Ben Abbou. Él administró durante más de quince años el territorio de Tánger en nombre de sus gobernadores.

La vivienda, de finales del XVIII, presenta la típica entrada en zigzag y tiene su típico patio descubierto con fuente octogonal de azulejos policromados. Es de uso particular, por lo que no se puede visitar.

Cuando alcanzamos el cruce de la calle Ben Abbou con la calle Ancha, justo en la esquina está el morabito de Sidi Ahmed Bouqouja, inmortalizado por Henri Matisse en su cuadro «El Marabú». Sidi Ahmed fue un rico terrateniente que dedicó su vida a las enseñanzas del Corán y a impartir lecciones de sabiduría. Tal fue su generosidad que murió en la más absoluta pobreza. En este lugar se encuentra su tumba.

Plaza Gouma

Aunque la Plaza Gouma es una plaza pública su uso es prácticamente privado para las familias que habitan aquí, la mayoría descendientes de los soldados del Tabor español. Conserva una de las pocas fuentes en uso de la Kasba, la Seqaya Gouma. Es muy pequeña, pero está muy concurrida.

En esta misma plaza junto a una torre defensiva de época portuguesa vemos el horno de pan tradicional, Ferran Hadj Taher.

Salimos de la plaza Gouma por la calle Ahmed Bouqouja y alcanzamos la Plaza del Tabor español a las puertas de Bab Kasba.

Borj Ben Amar

Junto a la puerta,  se alza el Borj Ben Amar, de construcción inglesa probablemente. Este baluarte fortificado tenía dos baterías de cañones que controlaban la meseta del Marshán por un lado y el valle por el otro y defendían la entrada a la Kasba. Hoy es una propiedad privada.

La otra fortaleza es el Borj Na’am donde encontramos el Centro de interpretación Memorial Ibn Batouta. Está situado en la esquina noroeste de la Kasba y significa el bastión de las Avestruces pues aquí tenían avestruces encerradas.

Su finalidad era defender la ciudad de los ataques que venían del Estrecho. Probablemente data del siglo XVIII. En 1.880 instalaron aquí dos de los famosos cañones Armstrong de 20 toneladas traídos desde Gibraltar. Su torre, una vieja estación meteorológica, es hoy un símbolo de la silueta de la ciudad pues es visible desde cualquier lugar.

El lugar hoy sirve como homenaje al gran viajero Ibn Batouta de quien ya hemos hablado.

Fuera ya del Borj, en el hotel La Tangerina está el único hamman que hay en la Kasba, que también está abierto al público si se reserva con antelación. No tiene agua, solo es baño de vapor.