La esfinge

La gran esfinge de Giza sigue protegiendo con su majestuosa presencia todo el complejo funerario de la necrópolis de Giza.

Resulta impresionante contemplar esta inmensa escultura de una sola pieza tallada en la misma montaña de roca caliza. Tiene nada menos que 57 metros de longitud y alcanza los 20 m de altura. Luce el nemes con el ureus o cobra protectora, símbolo del poder. Perdió la barba postiza, al igual que la nariz.

Según las investigaciones, los rasgos de la cara tienen muchas similitudes con los del faraón Kefrén. Desde la pirámide de Kefrén parte una calzada procesional que llega en línea recta hasta la esfinge y el llamado Templo del Valle.

Visitar la esfinge de Giza

Cuando nos deja el autobús, el primer acercamiento lo hacemos por la parte frontal de la esfinge. La foto con la pirámide detrás es espectacular.

La estela del Sueño

Entre las patas de la esfinge se levanta una gran estela de granito de 3’6 m de alto por 2 m de alto. Fue Tutmosis IV (1425-1417 a. C.) quien la colocó a sus pies más de mil años después de su construcción. Se trata de la típica justificación divina para asumir el poder porque él no era el heredero legítimo.

El texto de la estela nos cuenta como el joven Tutmosis, de cacería por el desierto, se quedó dormido bajo la estatua y esta le habló en sueños prometiéndole el gobierno de las dos tierras a condición de que la librara de las arenas que la cubrían.

Esta seguramente fue la primera excavación que desenterró a la esfinge. La segunda conocida se realizaría en tiempos del emperador romano Marco Aurelio el 160 d. C. Pero el desierto es implacable y fue en el siglo XIX cuando tuvo lugar la tercera liberación de la escultura. Esta vez fue el marinero, explorador y aventurero Giovanni Battista Caviglia en 1.817.

El Templo del Valle

Después de contemplar la imagen frontal del monumento, nos dirigimos hacia la entrada que se realiza entrando en el templo del Valle.

Tiene planta cuadrada de 45 m de lado. En primer lugar vemos una sala con 23 columnas de granito cuadradas, lisas y sin decoración. En su momento sostenían otras tantas estatuas, hoy desaparecidas. Solo queda una conservada en el museo de El Cairo en la que se ve la cabeza del faraón Kefrén abrazada por detrás por las alas del halcón Horus.

Saliendo del templo llegamos al lateral izquierdo desde donde la gente se hace la típica foto besando a la esfinge en los labios. Eso sí, la ingente cantidad de turistas hace que sacar una foto en solitario se convierta prácticamente en misión imposible. Si avanzas un poco, se puede observar que la estatua de la esfinge tiene cola y se extiende por el suelo.