El municipio de San Miguel de Balansant es uno de esos bonito pueblos del interior de Ibiza, de casas bajas, blancas que destacan entre el verde de la vegetación.
Lo más característico de San Miguel de Balansant es la preciosa iglesia fortaleza de los siglos XIV al XVI, seguramente la iglesia más bonita de Baleares porque conserva pinturas murales del siglo XIX en el crucero. Estas pinturas representan escenas de la vida cotidiana de la época, como una batalla naval o un viático. Al comienzo de la guerra civil todos los bienes muebles, imágenes, pinturas, archivos… se destruyeron, por lo que no se conserva ninguna obra de valor artístico. El campanario y la ampliación de la casa parroquial son del siglo XIX.
Desde luego, vale la pena visitarla, tanto por su arquitectura exterior e interior, como por las hermosas vistas del paisaje desde este mirador.
A la izquierda, frente a la fachada de la iglesia, una estatua en bronce representa al poeta ibicenco Marià Villangómez (1.913 – 2.002), de la escultora vasca Lourdes Umérez. Después de la guerra el poeta trabajó aquí como maestro durante trece años hasta 1.959. Él como buen maestro, nos explica por qué los antiguos bautizaron a Ibiza y también a Formentera como islas Pitiusas.
Els cartaginesos trobaren una illa amb extenses pinedes, potser deshabitada o amb població escassa. […] Pityoussa o Pityussa, que vol dir illa de pins, és el nom que correspongué a Eivissa…
(Los cartagineses encontraron una isla con extensos pinares, quizá deshabitada o con escasa población. […] Pityoussa o Pityussa, que significa isla de pinos, es el nombre que correspondió a Ibiza…).
Marià Villangómez, Eivissa. La terra, la història, la gent
A lo largo de la carretera hay algunas tiendas muy afamadas de artesanía, bastante cara, por cierto y casi junto a la iglesia un famoso establecimiento, el estanco de Can Xico de Sa Torre. Es muy curioso porque han mantenido todo exactamente igual a como lo abrieron el año 1.905. Empezó como bar donde servían vinos y licores, después también amplió el negocio a estanco para vender tabacos. Incluso llegó a funcionar como estafeta de correos. En la época de los hippies, los jóvenes americanos que huían de la guerra de Vietnam recibían aquí el dinero que sus familias les enviaban mediante giros postales, muchas veces, cantidades que asombraban a los locales.
Después de ver este tranquilo pueblo nos fuimos a visitar la cueva de Can Marça. Justo al lado de la cueva está el puerto de Sant Miguel. Aquí paramos a comer en el chiringuito Pascual, un sitio ideal, coherente de precio, frente al mar y los baos de pato y la pizza cuatro quesos nos supieron a gloria.