Tánger: Cabo Espartel y Grutas de Hércules

Hoy vamos a visitar dos de los lugares más emblemáticos de los alrededores de Tánger: Cabo Espartel y las Grutas de Hércules, donde el Atlántico se encuentra con el Mediterráneo entre acantilados, leyendas y paisajes abiertos al mar. Son dos visitas muy distintas y a la vez inseparables, unidas por la fuerza del paisaje, la historia y esa sensación de estar en un extremo del mundo.

Día 3: Alrededores de Tánger

Desayunamos rodeados de color y todo preparado con esmero. Seguimos sorprendiéndonos de la decoración tan ecléctica que tiene nuestro Dar… símbolos religiosos, artesanía popular, lámparas orientales, cerámicas, antiguos fusiles de avancarga del Magreb y recuerdos de viajes conviven con absoluta naturalidad y nos hacen sentir como viajeros aventureros de otros siglos.

Los fusiles magrebíes de avancarga son de los que se cargan por el cañón, del tipo que se usa en la tbourida (disparo) marroquí, esas exhibiciones a caballo donde todos disparan a la vez. Recuerdo hace muchos años, que lo veíamos por el Boulevard Pasteur, en el desfile de la Fiesta del Trono, iban todos los jinetes a caballo disparando esos estruendosos fusiles y todo el aire olía a polvora.

Hoy vamos a visitar los alrededores de Tánger, hemos contratado una excursión y una pequeña furgoneta nos llevará al Cabo Espartel, y las Grutas de Hércules principalmente.

La Mendoubia

Mientras esperamos sentados en la Plaza 9 de Abril o del Gran Zoco, fotografiamos la Mendoubia es un jardín histórico situado junto al antiguo Zoco Grande de Tánger. Su nombre recuerda al Mendoub, el representante del sultán de Marruecos en la Zona Internacional de Tánger entre 1924 y 1956. Fue un lugar ligado al poder y a la representación oficial, y hoy el edificio alberga el tribunal comercial de Tánger y un museo conmemorativo.
La foto antigua muestra el antiguo Zoco Grande, hoy Plaza del 9 de Abril, cuando todavía conservaba mucho más aspecto de espacio abierto de mercado y cruce urbano. Era el Zoco de Afuera, porque estaba fuera de las puertas de la Medina. Se ve una de las puertas de la Medina, a la derecha, Bab Al Fahs, construida en el siglo XIX. Esa entrada da acceso directo a la ciudad antigua y a sus calles comerciales y es por donde subimos cada día para ir a nuestro alojamiento.

Aquí se ve perfectamente esa estructura típica de Tánger: abajo el gran espacio del zoco, detrás la medina ascendiendo y arriba la ciudad alta.

El Hotel Continental

El Hotel Continental es uno de los hoteles históricos más emblemáticos de Tánger. Construido en 1870, se alza sobre la antigua Porte de la Douane, la Puerta de la Aduana, un acceso ligado al puerto y al control de mercancías en el borde de la medina baja. Su posición escalonada sobre la ciudad y su apertura hacia el mar resumen muy bien el carácter del viejo Tánger: una ciudad de tránsito, comercio y mezcla entre la medina y el mundo exterior.

Muralla, bastiones y Torre Dar El-Barud

El Centro de Interpretación de las Fortificaciones de Tánger está en Borj Dar El Baroud, uno de los baluartes históricos de la ciudad. Se abrió para explicar la evolución defensiva de Tánger, su sistema de murallas, bastiones y artillería, y ayuda a entender cómo la Kasbah y el frente portuario estuvieron protegidos durante siglos.

Boulevard Mohamed VI

El Boulevard Mohamed VI, recorre el frente marítimo de Tánger, paralelo al mar, como un largo paseo abierto a la bahía y a la ciudad. Te voy comentando lo que vamos viendo. Desde el Boulevard, en los días claros, la vista alcanza la costa española del Estrecho, con el entorno de Tarifa perfilándose en el horizonte.

Las tumbas fenicias

Al salir de Tánger hacia Cabo Espartel, la ciudad se va abriendo poco a poco. El camino pasa junto a las tumbas fenicias, bordea zonas verdes como Rmilat y entra en una franja más residencial y dispersa, con villas, hoteles y urbanizaciones frente al Atlántico.
Es un Tánger menos denso y más abierto, donde la ciudad empieza a convertirse en paisaje.

La playa de Merkala

La playa de Merkala aparece como un borde antiguo de Tánger, donde la ciudad parece terminar de golpe en la ladera, la arena y el mar. En primer plano se adivina el pequeño cauce que baja hasta la orilla: es el arroyo al que la tradición ha dado el nombre de Arroyo de los Judíos, vinculado al recuerdo de los sefardíes que llegaron a esta costa tras su expulsión de la península ibérica. No es un gran río, sino una presencia modesta, casi discreta, pero cargada de memoria.

La colina verde cayendo sobre la playa es muy tangerino, el agua abriéndose paso hacia el mar. Merkala es un rincón sencillo, pero con mucha memoria: paisaje, frontera e historia reunidos en un mismo lugar.

Palacio Real Rmilat

El Palacio Real de Rmilat es una de las residencias reales de Tánger, se encuentra en Jbel Kebir, la colina que domina el oeste de Tánger, dentro del entorno boscoso de Rmilat, camino de Cabo Espartel. No se visita por dentro, pero su presencia marca mucho el paisaje de esa parte de Tánger: pinares, colinas y vistas abiertas hacia el Estrecho.

Rmilat se extiende por la ladera norte de Jbel Kebir, es un parque botánico y bosque conocido como el «pulmón de Tánger» rico en biodiversidad, con especies exóticas y autóctonas, a unos 4 km del centro de la ciudad. Dentro de Rmilat se encuentra Perdicaris.

Villa Perdicaris

Ion Perdicaris fue un rico estadounidense de origen griego que se instaló en Tánger y se convirtió en uno de los personajes más conocidos del ambiente internacional de la ciudad. Vivió en una gran finca de Rmilat, en la colina Jbel Kebir, en un lugar llamado primero Aidonia, “el lugar de los ruiseñores”, que más tarde pasó a conocerse como Villa o Château Perdicaris. Su vida privada también dio que hablar: convivió allí con Ellen Varley, que había dejado a su marido, en una relación muy poco convencional para la época. La fama de Perdicaris creció todavía más en 1904, cuando fue secuestrado por Raisuni en el llamado incidente Perdicaris, un episodio que tuvo gran repercusión internacional y convirtió su nombre en parte de la leyenda de Tánger.

Hoy allí está el Parque Perdicaris, con unas 70 hectáreas de senderos, vegetación y miradores sobre el Estrecho. Y en medio sigue estando la antigua villa, restaurada y convertida en museo desde 2022.

La playa de Achakkar

La playa de Achakkar forma parte del gran frente atlántico de Tánger, hacia Cabo Espartel. En los años 70, esta zona conservaba un carácter mucho más natural, con menos construcciones y una sensación de paisaje abierto. Para muchas familias y visitantes, llegar hasta Achakkar era casi un pequeño viaje fuera de la ciudad: se iba por el baño, por el paseo, por el aire del océano y por esa impresión de estar en un Tánger distinto, más libre y más agreste. Nunca faltaba algún hippy mirando el atardecer.

El Cabo Espartel

El Cabo Espartel está a 14 km. de Tánger, es el lugar donde se unen el Atlántico y el Mediterráneo, y aunque geográficamente no exista una línea exacta dibujada sobre el agua, la sensación de estar en un punto de encuentro entre dos mares es muy real.

El paisaje, el viento, la luz y la amplitud del horizonte convierten este cabo en un lugar simbólico, casi fronterizo, donde África parece asomarse al mundo. El faro es uno de los más bonitos que conozco, y en días claros se ve Gibraltar y la costa española.

Cuando vivía en Tánger, solíamos venir los fines de semana con mis padres y amigos. Era un lugar apacible y solitario. Ha sido chocante verlo convertido en un sitio tan turístico donde hay atascos para entrar al parking. Habrá que ver esto en julio 😱!!

La playa Robinson, la cueva y más

Robinson Plage forma parte de mi memoria sentimental de la infancia y la adolescencia en Tánger. En la foto estoy sobre la roca, recogiendo conchas, en una playa entonces más salvaje, donde todo parecía esconder pequeños tesoros y caracolas traídas por el Atlántico.
Era un lugar hermoso, libre y un poco misterioso, pero también tenía la fuerza imprevisible del océano, que de niña aprendí a mirar con respeto.
Y sigue viva en mi recuerdo aquella cueva abierta al mar que yo imaginaba habitada por hippies, como si ese rincón de Tánger guardara una pequeña leyenda propia.

Las cuevas de Hércules

Las Grutas de Hércules son uno de los lugares más míticos de los alrededores de Tánger. Entre la roca, el mar y la leyenda, estas cuevas abiertas al Atlántico mezclan naturaleza, imaginación e historia. La abertura más famosa, recortada sobre el agua, recuerda la silueta de África y se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. Se trata de una formación natural ampliada por la acción humana a lo largo del tiempo, entre la geología, la leyenda y la historia. Cuando las visitaba de pequeña, aún no eran un lugar turístico, y el techo estaba lleno de murciélagos. Había que hablar muy bajo para no despertarlos.

Camellos en la playa

Una imagen muy de la costa de Tánger: arena, cielo atlántico y camellos esperando junto al mar. Esta vez no quisimos montar en los pobres animalicos.

Aunque solemos llamarlos camellos, en Marruecos son en realidad dromedarios: tienen una sola joroba y están perfectamente adaptados al clima cálido del norte de África.

Volvemos a Tánger

Te he contado muchas cosas, pero en realidad, solo nos ha llevado una mañana verlo todo. De vuelta a Tánger pasamos por la Hípica, donde pasé algunas tardes viendo montar a mi amiga de la infancia Maribel. Vemos el Cementerio de Perros en Boubana, es en realidad un antiguo cementerio de animales nacido en la época internacional. Tánger fue una ciudad excéntrica, cosmopolita y llena de rarezas elegantes, y este lugar insólito sigue siendo una de las más singulares.

Repetimos pescadito

Comimos en la zona portuaria, igual que ayer. Hoy en Dos Mares, a tope de gente. En los restaurantes del puerto, la cocina está muy unida a la pesca local. Al lado, se amarraban pequeños barcos pesqueros, y esa proximidad al mar sigue notándose en lo que se sirve: gambas, fritura y pescado fresco, preparados de forma sencilla en un ambiente popular, sin adornos ni finuras. Una bandeja y una botella de agua.

Explanada de Bab el Marsa

La tarde fue tranquila, paseo por la zona portuaria. En la foto, al pie del Hotel Continental se abre la explanada de Bab el Marsa, donde la medina bajaba directamente hacia el puerto. Aquí está la antigua Puerta de la Aduana.

La Puerta de la Aduana era el acceso portuario de la medina baja, el lugar por donde pasaban viajeros y mercancías y donde se controlaba el comercio marítimo de la ciudad, con sus tasas, inspecciones y trámites aduaneros.

Cena en Macondo

Esta noche hemos venido a cenar a Macondo, en la medina de Tánger. Tiene una terraza preciosa, aunque no hemos ido porque desde que llegamos a la ciudad no ha dejado de llover. Su cocina mezcla sabores mediterráneos e italianos, con presencia también de platos marroquíes. Hemos estado muy a gusto y, además, me encanta su estética.

Vaya donde vaya, si encuentro un restaurante llamado Macondo, tengo que entrar. Con un nombre así, tiene que ser algo especial. Macondo está cargado de resonancias literarias: para Gabriel García Márquez fue el territorio mítico de la memoria y la imaginación, un lugar donde convivían los ecos de su infancia caribeña y esa manera tan suya de contar un mundo en el que lo cotidiano y lo extraordinario se mezclan con absoluta naturalidad.

En este Tánger mágico que trato de redescubrir, el nombre no puede encajar mejor. Tiene algo evocador, sugerente, casi inevitable.

Final de noche especial

No parece lo típico en Tánger, pero hemos acabado tomando un cócktel en La Muralla, junto a Bab Kasbah, la Puerta de la Kasbah. Tiene terraza protegida, vistas y una carta de cócteles muy cuidada que preparan con esmero. Volveremos más veces, lo tenemos al lado de casa. Es uno de esos sitios donde la medina se vuelve más nocturna, sin perder su sabor histórico de la puerta y las murallas.

Buenas noches Tánger.

Mapa de Google de la ruta