Vuelvo a Tánger muchos años después… aquí viví felizmente mi adolescencia, una época que marcó con fuerza mi vida, o sea que puedo decir que soy un poco tanjawiya (tangerina), y cuando se lo decía a la gente, notaba su cariño. Quiero volver a verlo todo, saborearlo todo y sobre todo sentirlo todo.
Día 1: Llegada a Tánger
Volamos a Tánger y aterrizamos en el Aeropuerto Ibn Batuta, aquel viajero tanjawi (tangerino) que estuvo 35 años viajando y nació en esta ciudad. Nuestro alojamiento nos envió un taxi que nos esperaba para trasladarnos a Dar Sultan, en plena Kasbah, un riad con encanto. Los recuerdos empezaron a llegar… mira la Hípica donde iba con mi amiga a montar a caballo, el cementerio de los perros, el Liceo francés, el Consulado español, mi instituto antes llamado el IPE y hoy nombrado como Instituto Severo Ochoa…
Puerta de la Kasbah
El taxi entró por la Puerta de la Kasbah, quizás del siglo XVIII. Acabamos de entrar a la Kasbah, una ciudadela fortificada que domina el puerto, un lugar perfecto para deambular sin rumbo e ir disfrutando de los detalles que van apareciendo. La puerta desemboca en la Plaza del Tabor, y al fondo el Museo Ibn Batuta, el viajero incansable.
Dar Sultan
Caminamos brevemente por las estrechas, blancas y cuidadas callejuelas hasta Dar Sultan, nuestro riad. Un riad es una casa tradicional de Marruecos diseñada hacia dentro, con un patio central, un lugar que protege la intimidad de sus moradores, un lugar donde al entrar te alejas del mundo exterior… Dar Sultan ciertamente tiene mucho encanto. Una decoración ecléctica y cuidada hasta en los últimos detalles que fotografiábamos todos los días y siempre encontrábamos algo nuevo, algo sorprendente. Podías encontrar desde la mano de Fátima hasta ‘El caballero de la mano en el pecho’ del Greco pasando por el Buda y la Virgen…
Chez Hassan
Toca cenar y Nadia, que dirige el riad, nos ha recomendado Chez Hassan, de platos locales, muy bien cocinado y nos ha gustado mucho. Está en Rue de la Kasbah, 8. Es sencillo y siempre hay cola. Hemos tenido suerte para cenar compartiendo mesa con unos jóvenes chinos que trabajan en Madrid y la conversación ha sido amena.
Ellos van a visitar cuatro o cinco ciudades marroquíes en una semana y nosotros vamos estar una semana en una sola ciudad. Cada momento te pide un tipo de viaje… y en este nos toca ir despacio.
Enfrente entramos a tomar nuestro primer té con hierbabuena y una baklaba de pasta de pistachos.
Calle de las Naranjas
Volvemos tranquilos hacia nuestro Dar (nuestra casa) disfrutando de las calles, y de la cuesta de la Rue de la kasbah que subimos con la ilusión de la primera vez. A medida que pasen los días acabaremos subiéndola en taxi, pero hoy disfrutamos de sus pequeños comercios y sus curiosidades. Nos paramos en la Calle de las Naranjas, muy cuidada, llena de flores y fotos antiguas, tiene una pequeña hucha donde pone “por favor, contribuye para conservar la belleza…”
Desde nuestra terraza en lo más alto de la Kasbah, vemos como Tánger sigue brillando en la noche, la torre de la catedral cristiana, el minarete de la mezquita… Otra vez estoy aquí, pero hoy con otra mirada, más serena, más madura… se oye la voz del almuecín llamando a los fieles al rezo… mañana más.

