Wamba

Wamba • prov.Valladolid • España

Wamba es un pequeño pueblo de poco más de 300 habitantes, situado a solo 17 kilómetros de Valladolid y nuestro único pueblo que empieza con una uve doble. Su nombre porque tras morir aquí el rey visigodo Recesvinto en el 672, su sucesor Wamba, fue coronado en este mismo lugar, ya que según la tradición de los visigodos debía ser coronado rey en el lugar en que murió su antecesor.

Qué ver en Wamba

Iglesia de Santa María de la O

Su joya arquitectónica es la Iglesia de Santa María de la O, uno de los templos más antiguos de la provincia de Valladolid.

La cabecera y el crucero son de época mozárabe, nada menos que del siglo X, son realmente arcaicos. Antes de la iglesia, hubo un primitivo cenobio visigodo, del que se conserva un capitel convertido en pila bautismal y dos tenantes* de altar.

*El tenantes de altar es una estructura maciza utilizada para soportar el altar, sobre todo en los templos visigodos, prerrománicos y románicos. Su decoración más primitiva era a base de los símbolos propios de la época, como cruces patadas, rosetas, ruedas de radios curvos o espigas en el caso visigodo y posteriormente, era más frecuente esculpir figuras en forma humana, como los ángeles.

El cuerpo de la iglesia y la portada son de estilo románico, de finales del siglo XII. Desde 1.140, esta iglesia fue propiedad de la influyente Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén.

Dentro de la iglesia hay una sala que le llaman de Doña Urraca de Portugal, reina consorte de León y que su marido repudió y aparcó aquí. Urraca fue freira, o sea monja al servicio de una orden caballeresca, que era, la Orden de San Juan de Jerusalén. Urraca murió en Wamba en 1211, a los 63 años de edad, pero la capilla donde reposaban sus restos fue derribada para construir el ayuntamiento anejo.

El osario

El mayor atractivo de la localidad sigue siendo ese osario con miles de huesos y calaveras, cuyo origen sigue siendo buen argumento para el debate y la fabulación. Para algunos se trata de un relicario monumental concebido por los monjes hospitalarios de San Juan, que se asentaron a finales del siglo XII, mientras otros le dan un fin más sencillo: ‘manos piadosas’ apilaban los restos en un mismo lugar cuando se desenterraban los cuerpos para inhumar a nuevos fallecidos ante la falta de espacio para dar tierra sagrada a los cadáveres.

Cuando te asomas a la puerta, vemos con asombro un enorme montón de huesos y calaveras apilados con cuidado en un montón. La imagen sobrecoge y casi instintivamente, a las pocas personas que podemos entrar al reducido recinto nos invade un profundo silencio de respeto ante el misterio de la muerte que tan cruda y descarnadamente parece mirarnos cara a cara. Hay también escrito un mensaje que, aparte de las creencias religiosas que cada uno tenga, sigue siendo una verdad irrefutable:

Como te ves, yo me vi, como me ves te verás. Todo acaba en esto aquí. ”

Según nos explicó la guía en su interesante recorrido, el osario sufrió un enorme expolio, supuestamente por motivos científicos. El insigne doctor Gregorio Marañón llenó camiones enteros de huesos y se los llevó a la Universidad Complutense de Madrid para estudiarlos y nunca se preocupó de devolverlos al pueblo, a su lugar de origen. Certificaron que los restos humanos eran de los siglos XIII al XVII. También comprobaron que pertenecían tanto a varones como a mujeres y niños. Según esto, quedó probado que los huesos no pertenecían solamente a los monjes, como se había creído durante mucho tiempo. Cobraron fuerza otras hipótesis de que tal vez procedieran de un antiguo cementerio que ya no existe y que manos piadosas se encargaron de conservar lo mejor posible.