8: Chauen

Chauen, a 120 km. de Tánger, aparece entre las montañas del Rif como una ciudad tranquila, recogida, casi irreal. Sus calles azules son lo primero que llama la atención, pero lo bonito no es solo el color, sino la calma con la que la ciudad parece vivir dentro de él.

Día 8: Visitamos Chauen

Hoy es el día 4 de mi viaje-reencuentro con mis recuerdos adolescentes, cuando viví en Tánger con mi familia. Tocaba visitar un pueblo muy especial, donde estuvo mi abuelo cuando era joven. Seguramente no lo reconocería, porque ahora Chaouen es azul, muy azul, y se ha convertido en uno de los lugares más fotogénicos de Marruecos.

Para quien disfruta haciendo fotos, Chaouen es un paraíso: puertas, escaleras, callejones, macetas, arcos, gatos dormidos, sombras y paredes azules que cambian con la luz. Todo parece colocado para la cámara, aunque precisamente por eso conviene mirar un poco más allá.

Un poco de historia

Chauen fue fundada en 1471 por Mulay Alí Ben Rachid, en un lugar estratégico del Rif, como ciudad fortificada frente a la expansión portuguesa en el norte de Marruecos. Su situación entre montañas la hacía difícil de alcanzar y fácil de defender.

Pero Chauen no se entiende solo como ciudad de montaña y de defensa. También fue una ciudad de agua. La fuente de Ras el-Maa, junto a la medina, fue durante siglos uno de sus puntos vitales: agua para la vida cotidiana, para las fuentes, los huertos, los hammams y los antiguos molinos. Antes de ser azul, Chauen fue eso: una ciudad levantada alrededor de algo tan esencial como el agua.

Después llegaron musulmanes andalusíes, moriscos y judíos sefardíes expulsados de la Península Ibérica, que encontraron aquí refugio y dejaron una huella profunda en la ciudad, en su arquitectura, en sus costumbres y en esa relación tan especial que Chauen mantiene todavía con lo hispano.

Por eso no sorprende encontrar referencias españolas o nombres que nos resultan familiares. No pertenecen a una sola época, sino a varias capas de la historia: Al-Ándalus, los sefardíes, la cercanía con España y, ya en el siglo XX, el Protectorado español en el norte de Marruecos, que duró hasta la independencia marroquí en 1956.

Xaouen que en árabe hace significa 'dos cuernos', en referencia a la vista que los dos picos de la montaña ofrecen sobre la ciudad.Esa etapa fue compleja, como todas las historias compartidas, pero también explica parte de la presencia del español en la zona. Quizá lo más interesante es que esas huellas siguen ahí, no como una nostalgia simple, sino como parte de una memoria mezclada: marroquí, andalusí, rifeña, sefardí y española.

El guía nos contó que su nombre procede de Xaouen, que suele traducirse como “cuernos” o “picos”, en referencia a las dos montañas que dominan la ciudad.

La Perla Azul

Hoy Chauen es conocida en todo el mundo como la Perla Azul, y es verdad que sus calles pintadas de azul son preciosas. Pero conviene no olvidar que esa imagen tan fotogénica es bastante reciente. La raíz de la ciudad no está en el azul, sino en su historia, en su medina, en el agua, en sus casas encaladas y en la huella de quienes llegaron hasta aquí buscando refugio.

Hay varias teorías sobre el origen del color azul: que si ahuyentaba insectos, que si recordaba al cielo, que si estaba relacionado con la comunidad judía… pero lo que parece claro es que el azul se fue extendiendo con el tiempo hasta convertirse en una seña turística muy potente.

Y ahí está la parte que me interesa no perder de vista. El azul puede ser una puerta de entrada preciosa, pero no debería taparnos lo importante. Chauen no es solo un decorado para fotos ni un pueblo pintado para gustar al visitante. Es una ciudad con siglos de historia, y saber lo que estamos viendo ayuda a mirarla con más respeto.

Porque cuando un lugar se transforma demasiado para resultar atractivo al turismo, corre el riesgo de perder parte de su verdad. Y Chauen es mucho más que su color.

Datos prácticos

Chauen, también escrito Chefchaouen o Chaouen, está situada a unos 120 km de Tánger. La carretera es buena y tardamos unas 2:30 h en llegar. Organizamos la visita a través de la agencia Viator y nos resultó a mitad de precio que la excursión ofrecida por Civitatis, tal como comprobamos con los compañeros del minibús.

El servicio fue impecable: recogida y final a la puerta de nuestro hotel, conductor en español y guía local también en español. Quedamos muy contentos.